Mons. José Guerra Campos, saliendo de la Catedral de Cuenca

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Como verán, la carta da relieve a tres puntos: a) la gravedad de la situación, vista desde Roma, en ciertos sectores de la teología; b) la confianza en la fidelidad del pueblo creyente; c) una llamada de atención para nosotros los obispos. Lo que se dice de nosotros no es muy lisonjero. Pero quizá necesitemos la medicina; y aunque nos duela, recordaremos que no estamos para hacer propaganda de nosotros mismos, sino para ser portavoces humildes de Cristo, que habla en su Iglesia.

He aquí el texto de la carta del cardenal Seper (2): “Roma, Pascua, 1972. -Querido padre Mikvlich: Gracias por su carta y su envío del 27 de marzo. Tengo siempre en mi mesa su carta del 10 de noviembre de 1971. Me llegó cuando tenía mucho trabajo. Si ocurre que no respondo en seguida, comprenda, por favor, que pueden pasar meses antes de disponer de tiempo para ello.

“Me causa gran gozo que esté usted empeñado en el buen combate de la ortodoxia en materia de educación religiosa. No hay duda de que, en el modo con que se han redactado ciertos catecismos, so pretexto de que nosotros estamos mucho más avanzados que nuestros mayores, se han traspasado todos los límites de lo tolerable. Hace poco tuve en las manos un “Catecismo” holandés, que no tenía nada que ver con la religión cristiana.

“Me alegra mucho saber que cuenta usted con el apoyo de su arzobispo. Por mi parte, tengo gran confianza en el sentido católico, el sentido de la ortodoxia de los laicos. Recibo regularmente y me es posible leer de ordinario The Wanderer. Estoy también en relación con M. Lyman Stebbins, de la asociaciación Catholics United for the Faith (C. U. F.). Pienso con frecuencia en el hecho de que en el siglo cuarto, cuando los obispos mismos, en gran número, se extraviaban en la herejía arriana, el “sentido católico” de los laicos no se equivocó, y permanecieron ortodoxos.

NOTAS:

(2) La edición del texto original se hizo en The Wanderer. La presente traducción al castellano se hace según la versión francesa publicada en L’Homme Nouveau (16 de julio de 1972), que a su vez la toma de Carrefour.