canoP. Manuel Martínez Cano mCR.

San Ignacio dice que hemos sido creados para alabar, hacer reverencia y servir a Dios y mediante esto salvar el alma. Sí, el alma anhela la salvación eterna y San Agustín, dice: “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Salvar el alma es acabar la vida terrena en gracia de Dios para gozar de la eterna bienaventuranza del cielo.

Hoy, hasta los niños saben manejar con soltura las nuevas tecnologías. Todos sabemos muchas cosas. Pero nada nos interesa tanto como saber qué debemos hacer para salvarnos. No es difícil: Se acercó uno a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me preguntas que es bueno? Uno solo es bueno. Mira, si quieres entrar en la vida guarda los mandamientos” (San Mateo 19, 16-17).

Inmensa responsabilidad nuestra libertad. Porque Jesús le dice al joven “si quieres”, porque ni aquel joven, ni nadie, puede salvarse, si no quiere. San Agustín lo dice así: “Dios, que te creo sin ti, no te salvará sin ti”. Pero debemos de querer de verdad. No valen las veleidades del perezoso, como dice la Sagrada Escritura: “Quiere y no quiere a un tiempo el perezoso”. (Proverbios) Debemos poner los medios necesarios para salvarnos.

Dios Nuestro Señor quiere que todos los hombres se salven (1 Timoteo 2, 3-4). Y a todos da las gracias actuales que necesitan para salvarse. Pero nosotros debemos trabajar con nuestras pobres fuerzas, puesta toda nuestra confianza en Dios, en Su Divina Misericordia. El Señor dijo a San Pablo: “Te basta mi gracia” (2 Corintios 12, 9). Con la gracia de Dios, nuestra perseverancia y nuestra generosa correspondencia, seremos felices eternamente en el cielo: “Seréis aborrecidos de todos por mi nombre, el que persevere hasta el fin, se salvará” (San Mateo 10, 22).

Nuestra salvación depende de solo dos voluntades. Si queremos salvarnos, nos salvaremos. Porque la voluntad de Dios es que todos vayamos a vivir eternamente felices a su Reino Celestial. El señor suele valerse de causas segundas para salvarnos: Ejercicios Espirituales, buenos padres, conversión… San Ignacio de Loyola se convirtió leyendo vidas de santos. San Francisco Javier haciendo los ejercicios espirituales que le dio San Ignacio.

Hoy cuidamos el cuerpo como si fuera un dios. Todos los medios que se usan parecen pocos. Y es que el cuerpo debemos cuidarlo, pero no idolatrarlo. San Juan Crisóstomo decía: “Si descuidamos el alma no podemos salvar ni el cuerpo, porque no ha sido hecha el alma para el cuerpo, sino el cuerpo para el alma”.