vida-contemplativaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Hoy, que impulsados pm los «Signos de los tiempos», o, por mejor decir, por el Espíritu Santo, dado a la Iglesia (Jn. 14, 16, 25-26) ; hoy, que las distancias entre las distintas familias religiosas, gracias a Dios, se han acortado, la mutua ayuda y e} muto auxilio entre los miembros de un mismo cuerpo, o entre las distintas ramas de un mismo tronco, parece se podrían intensificar y tener más en cuenta. Con razón se ha dicho que el Decreto Perfectae Caritatis del Vaticano II nos señala a todos los religiosos la misma regla suprema, que es el Evangelio (23).

Naturalmente si se abrieran los monasterios de clausura para acoger temporalmente a religiosos de vida mixta se habrían de poner las debidas cautelas. La primer de las cuales sería el sabio aviso de los locutorios teresianos:

Hermano, una de dos:
o no hablar, o hablar de Dios,
que en la casa de Teresa
esta ciencia se profesa.

Advertencia que sería para curarse en salud, pues el descubrimiento de la vida de cielo que en esos claustros se lleva y los deseos de soledad de las almas que a ellos temporalmente se acogiesen, casi la harían innecesaria.

Señalaré dos de los muchos descubrimientos que esperan a cuantos traspasen la clausura: Primero, un apartamiento del mundo inimaginable: a finales de 1969 di ejercicios espirituales a las agustinas recoletas del monasterio de la Encarnación de Madrid, fundado por la Venerable Mariana de San José, alma privilegiada, dirigida del P. Lapuente y sumamente apreciada por él. En aquellas fechas, después del cambio de Ministros de octubre y de las noticias de la prensa en los meses anteriores, no se hablaba en Madrid y en España más que de un escándalo económico nacional. Pues bien, ¡ninguna de aquellas religiosas, viviendo en el centro de Madrid, habían oído una palabra del asunto!

Segundo, una piedad comunitaria comparable a de la última ola. En efecto, la meditación comunitaria con la exposición del presidente, continuada y completada con la de los concurrentes, para terminar en públicos coloquios de cuantos quieran tomar parte, ¿qué es, sino la lectio divina, meditada y comentada en algunas comunidades de clausura, reminiscencia acaso de las colaciones o pacomias del yermo?

  1. Cf. n. 2. a). Pero no convirtamos la unión en uniformidad; la belleza y riquezas de la Iglesia se verían muy mermadas. El mismo decreto, en el mismo número, nos avisa:
  2. b) «Contribuye al bien mismo de la Iglesia el que los institutos tengan su peculiar índole y función. Por tanto, deben ser reconocidos y conservados el espíritu y los propósitos propios de los Fundadores, así como las sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio de cada instituto.

En la República de Santo Domingo, varios institutos religiosos han empezado ya a tener el noviciado en común. ¿Cómo adquirirán el espíritu propio de su instituto? Vallet de Goytisolo, con su profunda visión humana y su mucha ciencia jurídica, viene clamando desde hace tiempo contra el igualitarismo paralizante y demoledor sin base alguna racional, puesto que «los seres humanos somos iguales en esencia, pero distintos en todo lo demás». Con su odio a las diversidades reducirá en expresión de Papini «todos los animales a uno solo, y este animal a una planta, y a ésta todas las plantas, y esta planta a un mineral, y todos los minerales a este mineral, y todos los cuerpos a un solo cuerpo, todas las sustancias a una sola sustancia…». Y así quedará «contestado» el «Génesis». (Véase su artículo La Igualdad, El Pensamiento Navarro, 16-1-1971, y su magnífica obra Sociedad de Masas y Derecho, Taurus, Madrid 1969; G. DE CORTAZAR y SAGARMINAGA juzga y compendia esta obra valiosísima en verbo 8 (1969) 885-897.