mariaIldefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

Verdad triste. -Todo lo dicho de la dulzura en la anterior meditación, debe, como es natural aplicarse a los actos de fa vida familiar…; pare: ce que en ellos es donde más debe aparecer esa dulzura y bondad de nuestro trato…; pero, ¿no es verdad que desgraciadamente ocurre lo contrario?

Es muy corriente que la misma confianza e intimidad de la vida de familia, engendre desahogos que no se tienen con los de fuera, y es muy triste reconocerlo, pero es verdad, que muchísimas veces se tiene más cuidado con los extraños que con los de casa… ¡Cuántas personas que por no faltar a la cortesía social son en su trato con los de fuera afables, cariñosos, indulgentes, dulces y suaves… y para los de casa guardan el desahogo de su mal humor, de sus disgustos, de sus contratiempos!

Él hogar que debía ser la sede del amor y de la dulzura, es machas veces el asiento de la aspereza y del enfado que engendran riñas y disensiones, que construyen el tormento y la cruz de todos sus moradores. -Un santo decía: «que hay muchos que parecen ángeles en la calle y son demonios en su casa»… -Y esto puede decirse también de la vida de amistad… y hasta de la vida común religiosa… ¿No es una verdad muy triste que no falta quien con su genio mal contenido…, con su carácter poco mortificado…, se expresa a veces con palabras, con gestos, con movimientos o actos poco edificantes y que sirven para hacer sufrir a sus hermanos? « ¡Qué hermoso es el ver a los hermanos viviendo juntos como si fueran una sola cosa!» Así decía el Salmista…, pero esto no será, así, si en ellos no reina la caridad y la dulzura, que cuando es verdadera virtud, procede de esa misma caridad…

El ejemplo. -Mira el ejemplo de esta dulzura familiar, verdaderamente incomparable, en la Santísima Virgen… ¡Qué lejos estaba Ella de amargarles la vida a San José y al Niño!… La pobreza en que vivían…, la indigencia que le hacía carecer de muchas cosas necesarias o convenientes, podían haber excitado en Ella las impaciencias los disgustos, el mal humor, y con todo eso, haber prorrumpido en quejas…, en palabras de cansancio de aquella vida…, en reproches a su Esposo…, en cariñas a su Hijo, etc.; exactamente como ocurre en la mayor parte de las casas… y, no obstante, Ma­ría es el ángel de la paz…, de la alegría, que todo lo llenaba con su dulzura con su cariño…, con su amor…, todo bondad y suavidad….

Una vez, se creyó en el deber de reprender a su Hijo… Él dolor había apretado de tal modo su corazón, que necesitaba un desahogo… Pero medita bien sus palabras…, atiende a sus expresiones…, fíjate en sus modales… Dulcísimamente le dice: «¡hijo mío!, ¿por qué has hecho esto con nosotros?»… lodos hubiéramos disculpado a una madre que en esa ocasión reprendiera su hijo ásperamente…, le hubiera dicho palabras fuertes… y, en fin, hubiera desahogado su dolor con formas descompuestas… Ponte tú en ese caso… ¿qué hubieras hecho con una persona de tu familia que te hubiera hecho algo semejante?… ¿te hubieras contenido al verla?… ¿no te hubieras dejado llevar de tu nerviosismo?… ¿te contentarías con decirla únicamente esas palabras de Ma­ría a su Hijo… y con la misma dulzura suavidad que Ella las pronunció?…

Pues si aun entonces, cuando tuvo mayores motivos para el enfado y el disgusto así obró la Virgen, ¿cómo obraría en los demás actos de su Vida familiar?…-Refiere un Santo Padre, que los demas niños de Nazaret solían decir del Niño Jesús: «vayamos a la suavidad y a la dulzura» porque así se manifestaba sin cesar su divina bon: dad y mansedumbre… También tú, puedes decir lo mismo de Ma­ría; di muchas veces, mirándola a Ella: voy a acercarme a la suavidad y a, empaparme en la dulzura, pues sin duda que allí la encontrarás.

Virtud obligatoria. -Fíjate bien e esto… Que bien puede decirse sin exagerar que esta virtud de la dulzura familiar es una virtud obligatoria…, que tienes que trabajar por adquirirla y por aumentarla…, porque por una parte es el ejercicio mismo de la caridad, que debemos tener con el prójimo, pero principalmente con aquel que es nuestro prójimo mas allegado, como son los miembros de la familia…, los de la amistad…, los de la comunidad en que se Vive… ¡Qué responsabilidad, por tanto, para ti, si por tu culpa…, si por tus intemperancias y salidas de tono, hicieras imposible y difícil la vida de los que te rodean…,.si por ti se rompiera el equilibrio y la paz que produce la caridad!…

Pero además, te obliga por otra parte, y es sencillamente, porque sin esa dulzura familiar, será imposible que cumplas bien con la Ley que Dios te impone en su cuarto mandamiento… Recorre los diversos puestos que puedes ocupar en esa vida de familia y lo verás. -Si eres superior y mandas a otros, de cualquier forma que sea, mira cómo es tu modo de obrar y disponer las cosas… piensa cómo te gustaría que te mandaran, a ti y compáralo con tu conducta… ¿Dónde está ese amor que debes tener a tus súbditos si pareces quizá un déspota en tus palabras y ademanes?…

Si tienes que corregir algo, ¿no será entonces cuando más sales de tono y lo haces a voces como si no consiguieras nada, no siendo con gritos y amenazas? -En especial haz un poco d. examen de tu trato con los que están a tu servicio…, su misma incultura y falta de educación debía servir para disculpar más sus deficiencias y tratarles con mayor cariño… y así, suave y dulcemente, irles ensañando lo que necesitan…- Según algunos, la Santísima Virgen tuvo también una esclavita o criadita a su servicio… Pues, imagínate el trato que la daría…, cómo la mandaría…cómo la corregiría en lo que hiciera mal… Compárate con Ella y procura imitarla.

Si eres inferior y es a ti a quien toca obedecer, mira cómo lo haces… ¿Te pareces en algo a la Virgen cuando obedecía a San José?… ¡Qué ademanes, qué protestas, qué de quejas en tu conducta!… Si te contrarían sobre todo Y te mandan algo que te cuesta, ¿por qué no bajas dulcemente la cabeza y obedeces con alegría?…

y con tus iguales, con tus hermanos con tus amistades; ¿cómo les tratas?… ¿Eres la causa de su desunión? . ¿Les hablas con frialdad… con indiferencia o desdén con altivez con palabras llenas de arrebato de injurias de despecho…, de ira?… -Examínate hoy bien en esta dulzura familiar y propón lo que sea necesario para cumplir tus obligaciones con ella, como te lo impone el cuarto mandamiento… Da buen ejemplo de esta hermosísima virtud a todos y así habrás contribuido a que en tu casa…, en tu familia…. en tus amistades…, en tu comunidad, reine aquella paz…, aquella felicidad dulcísima que se respiraba en la casita de Nazaret.