vida-contemplativaPadre Jesús González-Quevedo, S.I.
Salamanca, 1971

Pero esos descubrimientos serían mutuos, porque entre las almas de vida mixta las hay grandes contemplativas.

Véase un ejemplo de nuestros días:

«Voy a hablar de mis relaciones con el Señor, y aunque me cuesta, voy a hacerlo por obedecer y por amor a El.

Desde que Le conocí (catorce años), su presencia amorosa me ha acompañado a lo largo de mi caminar terrestre. Este contacto con el Señor no ha sido como un recordarle, un pensar en El. No; ha sido un contacto real, vivo. Hemos convivido juntos, 1como verdaderos amigos, o, mejor, como auténticos esposos.

Cristo, en esa edad, se· manifestó en mi interior, haciéndome una especie de llamada, un toque amoroso. Fue mi primera conversión. Desde ese momento quise consagrarle totalmente mi vida, a pesar de los atractivos que el mundo me ofrecía, pero que comparados con El me parecían nada; ya sólo El me llenaba. Desde este primer encuentro comenzó una intercomunicación entre el Alma de Cristo y la mía.

En un sueño amoroso con El, se me representó con el cuerpo glorificado, resplandeciente, majestuoso. Con una mirada dulce y pura, como jamás ha sabido mirar nadie. Mostraba un Corazón de Hombre, comprensivo y tierno. En sus manos, pies y costado llevaba impresas las llagas de lo mucho que le hemos hecho sufrir los hombres. Tenía los brazos extendidos. Yo le pregunté si me amaba. Me estrechó tiernamente contra su Corazón… Fue un sueño, pero que me ha servido de mucho (24).

  1. Este sueño pudiera ser sobrenatural, a juzgar: primero, por el efecto, y segundo, porque en el sueño, dice S. Agustín, el alma está menos sumergida en la materia, pues no actúa en los sentidos, y, por tanto, está más apta para recibir el influjo de Dios y sus ángeles, que son espíritus. Así explica los sueños de los patriarcas. No he podido verificar la referencia. Pero Santo Tomás dice lo mismo: «Nuestra alma cuanto más se abstrae de las cosas corporales tanto más apta se hace para percibir las inteligibles. Por eso en los sueños y enajenaciones de los sentidos se perciben mejor las revelaciones divinas». Suma Teológica, 1, q. 12, a. 11, c. otros pasajes en: 1, q. 86, a. 4 ad 2; 2, 2, q. 95, a. 6; q. 172, a. 1 ad 1, etc.

Según la doctrina de San Juan de la Cruz sobre las gracias en los sentidos corporales exteriores y en los sentidos corporales interiores, y aun en las mismas potencias espirituales si son distintas y particulares, «nunca jamás se han de asegurar en ellas (quienes las reciben), ni las han de admitir, antes totalmente han de huir de ellas, ni querer examinar si son buenas o malas» (Subida 2, XI, 2). «Y así yerra mucho el que tales cosas estima y en gran peligro se pone de ser engañado» (n. 3). «Por tanto, siempre se han de desechar tales representaciones y sentimientos, porque, dado caso que algunas sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma» (n. 5). La misma doctrina para las otras gracias y el mismo Consejo, «que ni se pretendan, ni se quieran» (XVI, 6 y 10; XXIII, 1 Y 5). Estas cautelas del Doctor Místico sólo parecerán exageradas a quien ignore los múltiples engaños del demonio, que se transfigura en ángel de luz visible o .invisiblemente (2 Cor. 11, 14), y la humildad y sumisión a la voluntad divina, con que nos hemos de disponer a recibir «sus santísimos dones» o «la inteligencia oscura y general… que es la contemplación que se da en f e» (Subida 2, X, 4), si el Señor quisiera gratuitamente concedérnosla. La sabiduría de esta doctrina la confirmaré con un testimonio impresionante de otro gran místico, Ignacio de Loyola, referido por el P. Cámara: «Muchas veces le oí decir que de cien personas muy dadas a la oración, las noventa serían ilusas», Monumenta Hist. S. J. Fontes, I, 677. Habría que añadir: a) la carta de S. Ignacio a Borja de 1549 sobre los grandes engaños de aquellos tiempos en personas de grandes y extraordinarias dotes naturales, realzadas con ciencia amplísima y espíritu al parecer acendrados; es de gran aplicación a los grandes engañados de nuestro tiempo; b) recordar que, según doctrina de S. Juan de la Cruz, en las mercedes del ángel bueno al alma y en las tentaciones e ilusiones del malo quiere Dios N. Señor que haya «cierta paridad». Por eso, si el alma tiene visiones verdaderas, también da Dios licencia al ángel malo para que las pueda representar falsas. Con razón dice el pueblo cristiano: Detrás de la cruz está el diablo (Noche 2, XXIII, 6); c) y tener siempre en cuenta las Reglas de discreción de Espíritus de los Ejercicios (313-336).