padre canoPadre Martínez Cano, m.C.R.

El empleado de la Renfe encargado de comprobar los billetes del tren, me dice: ¿Padre, va usted a su pueblo? – Sí, mi respuesta – contesta sonriente: ¡Y con sotana! tenía unos treinta años.

Ya, en marcha. Una niña de cinco años que no aguantaba mucho tiempo sentada, viene hacia mí y me pregunta: ¿qué es esto que llevas? – la sotana – y ¿te acuestas con ella? ¿Y la llevas siempre? – Siempre la llevo. Hablamos. Le di dos libritos para niños y cuatro medallas de la Virgen Milagrosa. Y ella más contenta que unas pascuas.

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Voy andando por la calle. Un buen hombre de cien años, se acerca y empezamos a dialogar. Hace veinte años que murió su esposa. Él sigue la tradición de hacer la visita al Santísimo y encender una vela. Viene de la parroquia.

Su mujer tuvo una santa muerte. Estaba enfermita. Delante de su esposo dijo: ” señor, soy la última de ocho hermanos. Ya te los has llevado contigo. Llévame a mí también al cielo. Dejo de hablar, cerró los ojos y entregó su alma a Dios, sonriendo.

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Celebro la Santa Misa en una de las parroquias de mi pueblo. Voy a visitar a mis familiares. Por la tarde, vuelvo a darle las gracias al párroco y me dice: Habrás llamado la atención de todo el pueblo. Así fue. Volvían la cabeza para verme.

El buen párroco que me dijo que no veían una sotana hace muchos años. El llevaba su tirita eclesiástica. Otros, de paisano.