padre canoPadre Martínez Cano, m.C.R.

He vuelto de un largo viaje. Me han dicho que, un periodista católico, ha manifestado que, en democracia, se debe tener el derecho a blasfemar ¡viva Cristo Rey!

Ese maldito derecho, es una tentación satánica. El odia a Dios, no puede amarlo. Los hijos de Dios, debemos amarlo con todas las fuerzas de nuestros corazones.

San Ignacio decía que lo que más le haría sufrir en el infierno sería oír blasfemias contra Dios. Los santos aman a Dios. Los demócratas aman sus vientres.

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Al salir de la reunión semanal, un indigente se acerca y me dice que duerme en un cajero. Hablamos. Hace cuatro años era un pequeño empresario con cuatro trabajadores. El negocio fracasó y se quedó solo. Marchó a otra ciudad y desde entonces vive errante.

El presidente de jóvenes de San José quedó con él para solucionar el problema de las medicinas que necesitaba. Mostró su agradecimiento vivamente.

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Voy andando tranquilamente por la calle. Me adelanta una joven madre con una hija de nueve meses en el cochecito y el hijo de tres años agarrado a él. Miro al bebé y me sonríe. Me coge la mano y no me suelta. Andamos un rato, hablando con la madre. Me preguntó: ¿Es usted cura? La sotana habla por sí sola.