Madre RafaelaA los seis años me fracturé el brazo izquierdo y me lo tuvieron que enyesar. Cuando al mes me quitaron el yeso el médico vio que había quedado mal el hueso, el codo se me quedó torcido y el médico dijo a mi madre, sin darse cuenta de que estaban mis dos hermanos mayores escuchando: “se le podía poner el brazo bien, fracturándolo y enyesándolo de nuevo, mañana volveré”. Cuando el médico volvió al día siguiente no me encontraban por ningún lado mis padres ¿Sabes que había ocurrido? Muy sencillo mis hermanos me habían escondido debajo de la cama y ellos se pusieron delante para que no me hicieran daño, por eso tuve toda la vida el hueso del codo torcido. Al quitarme el yeso tenía que hacer ejercicio con el brazo y mi madre me dijo: “hija, tienes que ayudar a mamá en las tareas de casa y uno de esos trabajos será aprender a coser a máquina”. Y me compró una máquina de mano. Yo como le quería mucho a mi madre pasaba todo el tiempo que mi madre me decía dando vueltas a la rueda con la manivela aunque sentía mucho dolor, no decía nada, para tener contenta a mamá. Ella era muy piadosa, quería mucho a Jesús y me enseñaba a saludarlo con la señal de la cruz cuando me levantaba:

Por la señal + de la Santa cruz

De nuestros + enemigos,

Líbranos, Señor, + Dios nuestro.

En el nombre del Padre,

Y del Hijo, +

Y del Espíritu Santo. Amén.