Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Genesis - Sodoma y GomorraNo solo se puede pecar de lujuria externa consumada.

También se peca de lujuria externa no consumada. Son los actos impúdicos o acciones que, sin ser propiamente sexuales, se relacionan con la lujuria e influyen en ella más o menos directamente. Son: miradas, tocamientos, besos, abrazos, canciones, conversaciones peligrosas, bailes, espectáculos, fotografías, etc.

Estos actos, de suyos indiferentes, pueden convertirse en impúdicos si se buscan e intenta con ellos obtener directamente el placer sexual (pecado mortal). Si se hacen solamente por ligereza, curiosidad o incluso por el placer puramente sensible que con ello puede experimentar, sería pecado venial. No sería pecado, si el fin es bueno y se hace por necesidad o verdadera utilidad.

Leamos la aplicación que el famoso moralista P. Antonio Royo Marín O.P. hace sobre los besos y abrazos: “los besos y abrazos son pecados mortales cuando se intenta con ellos excitar directamente el placer sexual. Entre novios, los besos pasionales pueden ser pecados mortales con mucha facilidad, aunque no se intente el placer deshonesto; sobre todo si son en la boca y se prolongan algún tiempo, pues es casi imposible que no representen un peligro próximo y notable de movimientos carnales en sí mismo o en la otra persona. Cuando menos, constituyen una falta grandísima de caridad para con la persona amada, por el gran peligro de pecar a que se le expone. Es increíble que estas cosas puedan hacerse en nombre del amor. Hasta tal punto ciega la pasión, que no les deja ver que ese acto de pasión sensual, lejos de constituir un acto de verdadero y auténtico amor -que consiste en desear o hacer bien al amado-, constituye, en realidad, un acto de egoísmo refinadísimo, puesto que no vacilan en satisfacer la propia sensualidad aun a costa de causarle un grave daño moral a la persona amada. Dígase lo mismo de los tocamientos, miradas, etc. entre los novios.

Un beso rápido, suave y cariñoso dado a otra persona en testimonio de afecto, con buena intención, sin escándalo para nadie, sin peligro (o muy remoto) de excitar la propia o ajena sensualidad, no puede prohibirse en nombre de la moral cristiana, sobre todo si hay alguna causa razonable para ello, (entre prometidos formales, parientes, etc.). Lo que acabamos de decir puede aplicarse, en la debida proporción, a los abrazos y otras manifestaciones de afecto”.

Los pecados internos de lujuria son tres: los pensamientos impuros, los deseos impuros y el gozo de los pecados ya cometidos.

El deleite deshonesto interno directamente buscado, o voluntariamente aceptado, es siempre pecado mortal y no admite parvedad de materia.

Cualquier pensamiento impuro, cualquier deseo impuro, cualquier gozo por el recuerdo de una acción impura que se cometió anteriormente, es de suyo pecado mortal cuando se le advierte con toda claridad y se le consiente o acepta con plena voluntad.

Solamente puede ser pecado venial por la imperfección del acto, o sea, por falta de plena advertencia o consentimiento.

No es lo mismo sentir que consentir. Aunque sintamos vivamente movimientos internos de lujuria, si no se quieren ni consienten, no son pecados.

Las causas de la lujuria son interiores y exteriores.

Entre las causas interiores están: el deseo desordenado de comer y beber, la falta de mortificación, el aburguesamiento, la ociosidad, (fuente y origen de muchos vicios), el orgullo, (que busca egoístamente las propias satisfacciones) y, sobre todo, la falta de oración y trato con Dios.

Entre las causas exteriores de la lujuria pueden enumerarse las siguientes: asistencia a espectáculos obscenos -cine, televisión, teatro, discoteca-, malas compañías, bailes inmorales, revistas pornográficas, asistencia a ciertas playas o piscinas, modas inmorales, familiaridades indebidas con personas del otro sexo, etc.

Siempre que una persona busque ocasiones próximas de pecado de lujuria, comete un pecado mortal. Hay que tener la valentía de huir de esas ocasiones, pues es obligación grave evitar todo aquello que, en sí mismo, o por debilidad nuestra resulta directamente provocativo.

La lujuria ciega y entorpece el entendimiento para lo espiritual. Produce un tedio profundo al ver que los placeres en que confió su voluntad acaban por defraudar. La lujuria puede ser la causa de graves y vergonzosas enfermedades, como la sífilis y el SIDA.