Papa Francisco

Santas Basilisa y Anastasia - MártiresLa humildad no es justificarse enseguida ante la ofensa, intentando parecer bueno: si no sabes vivir una humillación, no eres humilde. Esa es la regla de oro. Pidamos al Señor la gracia de la humildad, pero con humillaciones. Había una monja que decía: “Yo soy humilde, sí, pero humillada jamás”. ¡No, no! No hay humildad sin humillación. Pidamos esta gracia. Y también, si alguno es valiente, puede pedir -como nos enseña San Ignacio- al Señor que le envíe humillaciones, para parecerse más al Señor.

Cardenal Juan José Omella Omella

Señor, sabemos que tu llamada es a la comunión en ti y contigo. Una comunión que acoge y respeta la diversidad, que aprecia y valora la diferencia, que no tiene miedo de buscar la verdad. Una fuerza de comunión que recibimos de ti en la Eucaristía y que si la dejamos actuar puede rehacer lo roto o regenerar lo que se agrieta. Señor, te pedimos perdón por nuestra incapacidad de vivir unidos todos los cristianos. Señor, aunque lentamente, hace ya varias décadas que vamos aproximando posturas. No es sencillo, pero sabemos que Tú nos acompañas.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Descubrir en Cristo la Buena Noticia, descubrir y vivir lo que nos dice el libro del Apocalipsis “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap. 21, 5), requiere acoger conscientemente e interiorizar la novedad que trae a nuestra vida el Bautismo y vivir la vida según el Evangelio. Esto cambia nuestra vida, nos hace dar una versión nueva a la misma: convierte nuestra conciencia, las actividades en las que estamos, nuestras vidas y los ambientes concretos en los que nos movemos.

Cardenal Raymond Leo Burke

La familia experimenta su ser más profundo cuando está rezando, especialmente en el culto divino. De la oración y el culto divino brota cada aspecto de la vida personal de cada miembro de la familia y de la familia misma. La familia rezando y participando en el culto manifiesta a Cristo vivo en la Iglesia de la forma más potente, y así atrae a otras familias hacia Cristo en su Iglesia.

Obispo Demetrio Fernández

En primer lugar, que Dios vive en familia, Dios es familia. Son tres personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo- que se llevan maravillosamente, todo lo tienen en común. El Dios que nos ha revelado Jesucristo no es un Dios solitario y aburrido, lejano, inaccesible. No. Es un Dios amor, familia, comunión, cercanía, que ha abierto su círculo más íntimo para hacernos partícipes de esa felicidad a todos los humanos. Todos -sea cual sea nuestra situación, nuestra condición- tenemos un lugar en el corazón de Dios. Nadie se sienta excluido porque Dios lo ha traído a la existencia para hacerle experimentar ese amor eterno e infinito de Dios, para hacerle feliz.

Obispo Giampaolo Crepaldi

Las democracias occidentales no se diferencian de los regímenes totalitarios. El niño es introducido en el “sistema”: es educado por profesores-funcionarios del estado, uniformemente instruidos por la universidad pública y los cursos de formación ministeriales; es precozmente psicologizado por funcionarios del estado, presentes ya en todas las escuelas; es precozmente sexualizado por funcionarios del estado a través de proyectos curriculares inderogables; en lo que respecta a su salud, es examinado desde que está en el vientre materno y, posiblemente, abortado por parte de funcionarios del estado; es enviado a hacer un Erasmus en cualquier otro país donde aprenderá estilos de vida y valores estandarizados por funcionarios de ese estado-no estado que es la Unión Europea; en su recorrido escolar, se le enseñará a usar los anticonceptivos, incluidos los de “emergencia”, y la fecundación artificial para que, a su vez, procree otros niños huérfanos de estado.

San PÍO X

  Pascendi Dominici Gregis  (38)

Séale lícito al creyente, si le agrada, salir del mundo; pero, no obstante, mientras en él viva, jamás escapará, quiéralo o no, de las leyes, observación y fallos de la ciencia y de la historia. Además, aunque se ha dicho que Dios es objeto de sola fe, pero esto se entiende tratándose de la realidad divina y no de la idea de Dios. Esta se halla sujeta a la ciencia, la cual, filosofando en el orden que se dice lógico, se eleva también a todo lo que es absoluto e ideal. Por lo tanto, la filosofía o la ciencia tienen el derecho de investigar sobre la idea de Dios, de dirigirla en su desenvolvimiento y librarla de todo lo extraño que pueda mezclarse; de aquí el axioma de los modernistas: “la evolución religiosa ha de ajustarse a la moral y a la intelectual”: esto es, como ha dicho uno de sus maestros, “ha de subordinarse a ellas”.