Stefano Fontana

Expresa un juicio más bien severo sobre el proceso de unificación y sobre el actual planteamiento de la Unión Europea, hasta el punto de considerarla, a causa de algunos de sus aspectos, un proyecto fracasado, como dice el título del Informe (Europa, el final de las ilusiones), e incluso en peligro.

Cardenal Angelo BagnascoSabemos que una valoración como ésta difiere respecto a lo que se oye decir tanto en el lenguaje eclesial como en el lenguaje político, a saber: que se necesita más Europa. Sabemos también que hoy los críticos de la Unión Europea son acusados de populismo identitario. A pesar de todo esto, hemos criticado abiertamente. El cardenal Angelo Bagnasco, en su intervención durante la presentación del Informe en Roma, lo definió un acto de amor hacia Europa.

Ciertamente es un acto de amor hacia Europa, pero no hacia la Unión Europea. Al final de la síntesis introductoria del Informe, firmado, además de por mí mismo, por los otros directores de los seis Centros de Investigación que han contribuido a su redacción, entre los cuales el Centro de Estudios Livatino, afirmamos que la ayuda a Europa la proporcionarán, en un futuro, precisamente quienes actualmente critican, incluso con dureza, la actual situación de la Unión Europea.

Errores en el proyecto original. La radicalidad de nuestra valoración procede también del hecho que, en nuestra opinión, los errores de planteamiento son debidos al proyecto originario y no sólo a los sucesivos y eventuales obstáculos o desviaciones.

Originariamente había dos proyectos: el primero planteado según los principios de la Doctrina social de la Iglesia; el segundo, según el Manifiesto de Ventotene. Hay que reconocer que éste último fue el que se impuso, mientras el proceso de unificación se alejaba progresivamente del primero y la sociedad europea se secularizaba.

El Manifiesto de Ventotene concebía el proceso de unificación como un recorrido revolucionario, socialista, guiado no por los pueblos ni a través de los pueblos, sino por una vanguardia de intelectuales y políticos que lo impusieron desde arriba. Se trataba de un proyecto de tipo ilustrado, jacobino y, con las debidas diferencias, leninista. Conllevaba la idea de remodelar el pueblo europeo y, según el planteamiento rousseauniano, de darle otra naturaleza. El esquema era el mismo del liberalismo masónico italiano que, una vez hecha Italia, se dedicó a hacer o, mejor, a rehacer a los italianos desde arriba.

Por otra parte, sólo en este espíritu -como veremos a continuación- se puede comprender la obstinación ideológica de las instituciones europeas y el nacimiento de una ideología europeísta. Actualmente, el europeísmo es una ideología que demoniza a quien la contradice acusándole de populismo. El Manifiesto de Ventotene decía cómo debía construirse la Unión Europea y establecía sus contenidos culturales, identificándolos con los de la ideología que conciliaba a Gramsci con Gobetti, al socialismo con el liberalismo, al estatismo en lo que atañe a las necesidades públicas con el individualismo amoral en lo que atañe a la vida privada. En otros términos, era el proyecto de la sociedad radical o, como decía Augusto Del Noce, de una sociedad irreligiosa y opulenta.