Madre Rafaela - 30Un día me enteré de que una señora se encontraba gravemente enferma con cáncer y no quería recibir los sacramentos. Le mandé una reliquia y agua de la Santísima Virgen y le escribí para decirle que toda la Comunidad estaba pidiendo por su salud, a la vez que le enviaba unos dulces para que los tomara y una recomendación para que le admitieran en el Hospital Clínico de Granada. La pobre mujer reaccionó y al verse admitida en el Hospital, tratada con tanta caridad ablandó su corazón. Recibió los sacramentos y se puso buena. Una señora tenía falta de circulación en las piernas y siempre que venía a visitarme le daba un bote de alcohol porque se tenía que dar masajes y sentía alivio al frotarse la pierna. Vino un día, solo tenía un bote muy pequeño de alcohol, se lo di y nos quedamos sin nada y como a Jesús le gusta que seamos generosas, el mismo día nos regalaron una bombona de alcohol y es que Jesús no se deja ganar en generosidad.

En otra ocasión, un sacerdote pidió una manta que necesitaba para cubrir su coche y reservarlo de la intemperie en las noches de frío. Se la di confiando en el Señor. Pero me entró la duda de si habría obrado bien ya que en Comunidad solo había las mantas precisas más bien escasas. Me fui al Coro a hacer oración y le dije a nuestro Señor: “Jesús mío, si te parece bien que yo haya dado una manta, envíanos alguna cosilla para la Comunidad, aunque solo sea una ramita de perejil”. Dios, nuestro Padre, no se dejó vencer en generosidad. Al día siguiente un bienhechor de la Comunidad, avisó por teléfono para decirnos que se habían recogido donativos para comprar mantas para los pobres y entre ellos habían acordado entregarnos 30 para la Comunidad. Así se cumplió la palabra de Jesús en el Santo Evangelio: “Dad y se os dará”.