Madre Rafaela - 31Una vez tuve un fuerte dolor en un hombro que no me dejaba descansar, producido por una artritis aguda. A pesar de la medicación que me recetó el médico, no podía tenderme en la cama, tenía que estar sentada siempre. Me aconsejaron un remedio casero que consistía en calentar en una sartén “salvao” comúnmente llamado también “moyuelo” del que se les amasa a los pollos. Cuando éste estaba ya muy caliente, lo volcaba en una bolsa y me lo ponía al hombro, con lo que sentía alivio. Un día, sin darse cuenta la enfermera al calentar el “salvao” se prendió sin notarlo, me aplicaron la bolsa con el moyuelo caliente, pero poco a poco aquella chispa prendió y me fue requemando el hombro sin que me diera cuenta, pues el dolor del brazo era más fuerte que el de la quemadura. Pero al empezar a notar el olor a humo salí de la habitación descalza, quitándome trapos quemados: el hábito, el jersey y la toquilla. La hermana que dormía en la celda contigua notó el olor a humo y salió a ver lo que pasaba y me socorrió. La quemadura me la estuvieron, curando varios días. La hermana que había calentado el “salvao” lloraba sin parar y yo le sonreía, para quitarle importancia diciéndole: “No se apure, que esto ha sido medicina santa, porque ya ha desaparecido el dolor del hombro”.