Madre Rafaela - 32Me iba haciendo mayor, los años en el convento pasaban volando y tuve grandes dolores de huesos, por lo que durante seis años tuve que llevar puesto un corsé ortopédico, para aliviarme el dolor de espalda y para sujetarme pues cada día me iba encorvando más. Era molestísimo, por lo grueso y lo duro que era el plástico, pero sobre todo en verano lo pasaba bastante mal. ¿Sabes cómo le llamaba? Mi andamio, otras veces lo llamaba mis alhajas, porque también tenía que llevar un collarín. Siempre estaba sonriente a pesar de las hondas rozaduras que me hacía aquel tremendo corsé.

Cada vez veía con más claridad que tenemos que tratar a nuestros padres, hermanos, amigos y conocidos con educación, dulzura, comprensión y sobre todo dando buen ejemplo, por eso me esforzaba en ser cariñosa con todos y en hacer las cosas sin protestar, con alegría y sin levantar mucho la voz para que todos los que se acercaban a mí se fueran contentos.