Pablo

Tras su conversión

San Silverio - Papa y MártirTras su conversión, que agradece a la mediación extraordinaria de la Santísima Virgen María, Zachary -quien reside actualmente en Kansas (USA)- ha continuado denunciado el aborto como un “sacrificio satánico” y exhortando a que los creyentes afronten la que considera “inevitable batalla espiritual” con los principados y potestades del infierno, citando a san Pablo en el capítulo 6 de su carta a los Efesios. (Portaluz)

Misión sublime de la mujer

De la Anunciación se desprende una de las verdades más sublimes del mundo: la vocación de la mujer para los supremos valores religiosos. María vino al mundo para restablecer la primitiva misión de la mujer, la de ser la portadora de Dios a la humanidad. Toda madre que da a luz a una nueva criaturita, lo hace porque Dios infunde el alma a cada concebido, y de este modo la nueva madre es una cooperadora de la Divinidad, es decir, participa de lo que sólo Dios puede dar. Así como cada sacerdote hace bajar al Salvador crucificado al altar en el momento de la consagración, de igual manera cada madre hace descender a la tierra en el nacimiento, según el orden de la creación, al espíritu salido de las manos de Dios. Por eso dice León Bloy: “una mujer, cuanto más mujer, más santa es”. (Vble. Fulton J. Sheen)

Cuando el sarmiento se separa de la Vid Verdadera

Hoy en día estas órdenes religiosas tienen más jubilados que miembros activos. Es lo que pasa cuando el sarmiento se separa de la Vid Verdadera, que es Cristo: que el sarmiento se seca y no sirve ya más que para echarlo al fuego. Estos colegios modernistas -un día católicos- no molestan al mundo porque son del mundo. Son colegios intranscendentes en todos los sentidos de la palabra: intranscendentes por irrelevantes o insignificantes; e intranscendentes porque, en la mejor línea de la modernidad nietzscheana, han “enterrado” a Dios. (Pedro L. Llera – INFOCATÓLICA)

El Obispo es el auténtico doctor y maestro de la fe

“El obispo es el auténtico doctor y maestro de la fe para los creyentes a él confiados”. “Ninguna Conferencia Episcopal tiene, en cuanto tal, una misión de enseñanza; sus documentos no tienen un valor específico, sino el valor del consenso que les es atribuido por cada obispo” (Ratzinger, Informe sobre la Fe). (Obispo Dom Fernando Arêas Rifan)

“El hábito no hace el monje” pero “Si te lo quitas, te deshace”

Con este “nuevo” planteamiento del lugar y posición de la Iglesia respecto al mundo, a la sociedad y, por supuesto y en primer lugar, a los hombres, “cambió” también la relación del sacerdote con los demás hombres, con la sociedad y con el mundo. El sacerdote, “elegido por Dios en el mundo, pero separado de él”, “debía” de entrada no significarse en nada respecto a los demás: “debía ser uno más”; y actuar también como uno más. De ahí y como primera provisión, el abandono de la sotana -los religiosos de sus hábitos-, al grito -justificación confesa de pequeñísimo recorrido intelectual, espiritual y eclesial- de que “el hábito no hace al monje”; y no lo hace, ciertamente; pero, “si te lo quitas, te deshace”, como se ha demostrado desgraciada y ampliamente. (José Luis Aberasturi)

Requiere necesariamente una respuesta

Dije antes que los dubia, siendo considerados necesarios, requieren necesariamente una respuesta. Pero no es tan simple como esto. Considerados sustancialmente y no meramente procesalmente, los dubia son de hecho necesarios; el quinto, al menos, no se puede no responder. O mejor, la única posible respuesta sería retirar la sección que desagrada de la Amoris Laetitia y corregir o clarificar los supuestos, que aparecen en otras partes, que apoyan esa sección. (Douglas Farrow)

Pudor y castidad  (83)

Entre Esposo y Esposa hay una intimidad total, forman “una sola carne” (Mt 19, 5; Ef. 5, 31). Los Esposos están siempre unidos en una colaboración constante, pues “Cristo, esposo humilde y fiel, no quiere hacer nada sin su Esposa” (Isaac de la Estrella: Vat. II, SC 7b). Por último, a la Esposa le corresponde estar femeninamente velada, y orientar las miradas del mundo hacia Cristo, el Señor, no hacia sí misma. Como dijo el Sínodo de 1985, “la Iglesia se hace más creíble si, hablando menos de sí misma, predica más y más a Cristo crucificado (1ª Cor 2, 2)” (II, A, 2). (José María Iraburu)