Papa Francisco

Santa María Guadalupe García ZavalaLa sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, “tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuyo destino es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial del migrante y del refugiado 2011). Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas. La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella.

Cardenal Juan José Omella

Ojalá sepamos unir y entrelazar los tres pilares que sostienen la vida cristiana, que sostienen el tiempo de gracia que es la Cuaresma: la oración, el ayuno y la limosna. “La oración llama, el ayuno intercede y la limosna recibe. Oración, limosna y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno es el alma de la oración y la limosna es la vida del ayuno” (San Pedro Crisólogo, Sermón 43).

Cardenal Müller

“Necesitamos más claridad, más verdad con los principios católicos. No podemos avergonzarnos de ser católicos. Tenemos que ser muy claros en nuestra posición que no es contraria a nadie, sino que defiende nuestra identidad de la fe católica”. “No podemos manejar o gobernar la Iglesia solo con diplomacia o política y todos estos juegos que están haciendo. Tenemos que confesar la fe católica. San Pedro fue el primero que dijo, primero y por todos: Tú eres Jesucristo, el Hijo de Dios viviente. Ese es el centro de la Iglesia”.

Cardenal Carlos Osoro Sierra

Jesucristo nos apremia a que la Iglesia se arriesgue a salir de sí misma, a tener y vivir celo apostólico: cuando el Papa nos dice que salgamos a las periferias geográficas y existenciales, nos está invitando a salir a las periferias del misterio del pecado, del dolor, de las injusticias, de la ignorancia, del pensamiento, a toda miseria; la más grande es desconocer a Dios.

Monseñor Luigi Negri, Arzobispo Emérito

Creo que es necesario recuperar y actualizar, tanto como sea posible, la última enseñanza de Benedicto XVI conocida como la Opción Benedictina. Entre dos tentaciones diferentes (la de crear un poder católico privado dentro de la sociedad y la de retirarse al lugar privado de la propia conciencia religiosa), hay un camino principal dictado por la Opción Benedictina. Es la existencia (o resistencia) de pequeñas comunidades, que pueden nacer en el mundo siguiendo, con un modo y ritmo nuevos, la tensión de vivir la experiencia de la Buena Nueva cristiana, comunicándola de manera inexorable a los hombres y la sociedad. Sería algo muy serio si alguien quiere luchar contra el nacimiento de estas comunidades de seguidores de Cristo, hijos reales de la Iglesia. Significaría luchar contra Dios.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Siempre en nombre de la “libertad” se fueron introduciendo nuevas leyes que negarían el carácter sagrado de la vida e irían poco a poco deconstruyendo la antropología cristiana y los pilares del matrimonio y la familia: la Ley 30/1981, de 7 de julio, por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se introduce el divorcio; Ley Orgánica 9/1985, de 5 de julio (llamada de despenalización del aborto); Ley 35/1988, de 22 de noviembre, sobre Técnicas de Reproducción Asistida que permite la manipulación de los embriones humanos; Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y que introduce el así llamado “matrimonio civil” entre personas del mismo sexo.

Obispo Demetrio Fernández

La Iglesia en su funcionamiento ordinario es pobre. Mucho más pobre de lo que parece. Lo que pasa es que con poco, a veces con muy poco, hace mucho, muchísimo. No hay ninguna partida en los presupuestos generales del Estado para la Iglesia. Los padres reciben ayuda en la escuela estatal o en la concertada para la educación de sus hijos. Los ancianos reciben la atención merecida en residencias, algunas públicas otras de la Iglesia. En un caso y en otro son derechos, no privilegios; y es dinero no para la Iglesia, sino para los ciudadanos que tienen derecho a ello.

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (48)

A este postulado de la inmanencia, se junta otro que podemos llamar de permanencia divina: difieren entre sí, casi del mismo modo que difiere la experiencia privada de la experiencia transmitida por tradición. Aclarémoslo con un ejemplo, sacado de la Iglesia y de los Sacramentos. La Iglesia, dicen, y los Sacramentos no se ha de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. Lo prohíbe el agnosticismo, que en Cristo no reconoce sino a un hombre, cuya conciencia religiosa se formó, como en los otros hombres, poco a poco; lo prohíbe la ley de inmanencia, que rechaza las que ellos llaman externas aplicaciones; lo prohíbe también la ley de la evolución, que pide, a fin de que los gérmenes se desarrollen, determinado tiempo y cierta serie de circunstancias consecutivas; finalmente, lo prohíbe la historia, que enseña cómo fue en realidad el verdadero curso de los hechos.