Padre Manuel Martínez Cano mCR.

General Franco y CrucifijoLa propaganda política que diviniza la Constitución española, pergeñada por siete políticos democráticos, merece una anotación sencilla para no dejarnos manipular por ciertos medios de comunicación social, portavoces de una ideología pagana y anticristiana.

Una constitución que ha dado vía libre a leyes impías y anticristianas como el divorcio, el aborto y experimentos con embriones humanos, no pude ser buena, es mala; es una constitución liberal, antinatural. Es un pecado social legitimar el divorcio, autorizar el aborto, tolerar la pornografía, construir la sociedad como si Dios no existiera. “La justicia engrandece a las naciones, el pecado es la decadencia de los pueblos” (Prov 14, 34). La Constitución democrática española ha engañado y pervertido a muchos católicos españoles que han asumido un liberalismo político que es pecado, porque promueve leyes anticristianas y está condenado por la Iglesia.

La sociedad política, la vida económica, laboral, familiar y personal, debe regirse por la ley natural, grabada en la naturaleza humana por el Creador de todas las cosas. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Su santa Ley debe regir todas las cosas “Omnia instaurare in Christo” (San Pío X).

El Fuero de los Españoles, carta fundamental de los derechos y deberes del ciudadano español del régimen de Franco, dice en su artículo 6°: “La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español, gozará de la protección oficial. Nadie será molestado por sus creencias religiosas ni en el ejercicio privado de su culto”.

Yo, Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España,

Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, en presencia de las Cortes del Reino, promulgo como Principios del Movimiento Nacional, entendido como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada, los siguientes:

I

España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la Patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.

II

La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.

III

España, raíz de una gran familia de pueblos, con los que se siente indisolublemente hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la paz entre las naciones.

Lean las Leyes firmadas por el Caudillo de España y la Cruzada. No las hay más evangélicas ni más católicas.

Franco plasmó la Doctrina Social y Política de la Iglesia en las Leyes Fundamentales del Estado español, siguiendo así la tradición de la España católica.

Nadie debe descuidar sus deberes con Dios y con la religión que Dios ha revelado; de la misma manera “No pueden las sociedades políticas obrar lícitamente como si Dios no existiese, o volver la espalada a la religión como si les fuese extraña e inútil” (Inmortale Dei).

No. La democracia no es el menos malo de los sistemas políticos. Hoy por hoy, es el más impío de todos, San Juan Pablo II, ha condenado al capitalismo salvaje que rige los destinos de Occidente y sojuzga a las naciones del Tercer mundo. Pues bien, el capitalismo salvaje fomenta la democracia con sus internacionales políticas y económicas, produciendo la esclavitud de las almas y el holocausto más terrible y monstruoso de todos los tiempos: millones de personas inocentes son sacrificadas en las aras de los altares democráticos de las clínicas abortivas.

Los abanderados de las libertades y de los derechos del hombre, están sacrificando millones de vidas humanas, con las leyes satánicas del aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones y fomentando guerras injustas. El espíritu democrático es una perversión del entendimiento, establece leyes que asesinan a inocentes y, al mismo tiempo, suprime la pena de muerte para los terroristas que asesinan impunemente.

La verdad y el bien no dependen de lo que dice la mayoría, manipulada por los brujos democráticos. “No sigas en el mal a la mayoría” (Éxodo 23, 2). No es la Ley de Cristo la que debe acomodarse al mundo, si no el mundo al que hay que acomodar a la de Cristo” (San Pablo II). “Lograr que la Ley divina quede grabada en la ciudad terrena” (Gaudium et spes, Vaticano II).

Los católicos españoles tenemos el derecho y el deber sagrados de luchar para establecer en nuestra Patria un sistema político fundamentado en los principios católicos: una sociedad basada en la ley de Dios, un Estado Católico que vele y trabaje por el bien común de las almas y de los cuerpos. El Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo.