Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965

virgen de la merced.jpgEsta advocación nos recuerda la manera amorosísima que tuvo la Santísima Virgen de libertar en los tiempos pasados a los cautivos cristianos que gemían en las mazmorras sarracenas, llegando para ello a fundar una Orden Religiosa con este nobilísimo y caritativo objeto.—Pero no creamos por eso que ha pasado la actualidad de esta advocación.—La misma Iglesia así lo reconoce al conservar esta fiesta y al indicarnos el espíritu de la misma en la oración litúrgica del día.

Esclavitud corporal. —Es el estado más triste que puede decirse…; la libertad es el don que todos más apetecen…, sin ella no se concibe la alegría, la paz, la felicidad. —Un esclavo no parece un hombre…, es una cosa de la que dispone su dueño a su antojo. —Pero aún mucho más negra será la esclavitud de un bárbaro tirano que se complace en hacer sufrir y en atormentar a sus esclavos. —Éste era el caso de la esclavitud cristiana a los sarracenos. —Cogidos o más bien robados muchas veces por los piratas en alta mar, eran conducidos como bestias a los mercados, donde eran comprados por amos que los arrojaban en oscuros calabozos, de donde les sacaban para hacerlos trabajar bárbaramente bajo el látigo del castigo, o para hacerles morir cruelmente, si es que no morían extenuados entre los barrotes de su prisión. — Detente a contemplar este cuadro e imagínate que te encuentras tú en caso semejante sin tu familia…, sin tu casa…, sin tus amistades…, sin tu libertad…

Y así comprenderás la corazonada de aquella Madre de Dios y de los hombres que no puede sufrir el ver así a sus hijos y trata de enviarles un alivio, ” una solución, inspirando a los fundadores de la Orden de la Merced los actos heroicos de caridad en favor suyo. —¿Qué sentirían aquellos pobres cautivos cuando vieran en medio de la lobreguez de sus mazmorras, la luz de la libertad…, la dicha de volver a su patria…, la alegría inmensa de regresar a sus casas y todo… por medio de la Santísima Virgen?… ¿Qué amor tan grande…, qué gratitud no brotaría en sus corazones para aquella Madre- cita que así les auxiliara en sus sufrimientos?… Alégrate tú también con ellos y da gracias una vez más al Señor por tener una Madre como ésta que así siente como suyas las penas y los sufrimientos tuyos. —Qué entusiasmo debe inspirarnos este rasgo tan maternal que caracteriza el título de las Mercedes.

Esclavitud espiritual. —Pero si no has probado lo duro que es la esclavitud corporal…, no podrás decir seguramente lo mismo de la espiritual de tu alma. —Ésta, como todas las cosas del alma, al no entrar por los sentidos, parece no nos llama tanto la atención…, no nos impresiona tanto… y lo que es peor, la damos mucha menos importancia. —Y no obstante, ésta sí que es ver-dadera esclavitud…, negra esclavitud…, espantosa, indigna, denigrante esclavitud. —Es aquella de la que habla el mismo Jesucristo cuando nos dice: «el que comete un pecado se hace esclavo del pecado».

Naturalmente, que el pecado que totalmente esclaviza al alma y la reduce al estado más triste y lamentable es el pecado mortal…, pero también en cierto modo esclavizan al alma los pecados veniales deliberados…, cotidianos, o al menos frecuentemente cometidos…; las pasiones…, las malas y perversas inclinaciones…, la maldita concupiscencia…; ¡cuántos tiranos para nuestra pobre alma!… Y cuántas veces nos creemos libres y somos cautivos de alguno de ellos.

Y además piensa, ¡qué tiranos! —¡Quién no tiene experiencia de sus exigencias brutales e in-saciables!… Mira un poco tus pasiones…, especial-mente tu pasión dominante y te convencerás de ello. —¿Quién nos libertará de esta esclavitud vergonzosa?… ¿Dónde encontrar la libertad dulce y amada de los hijos de Dios?… No lo dudes, en la devoción a la Santísima Virgen la encontrarás.

La Iglesia, en la oración de la Santa Misa, te lo dice. —Escucha y medita: «Oh Dios, que por la gloriosísima Madre de tu Hijo, para librar a los fieles cristianos de la esclavitud pagana quisiste aumentar en tu Iglesia una nueva familia religiosa, os suplicamos nos concedáis vernos libres de todos los pecados y de la cautividad del demonio por los méritos e intercesión de Aquella a quien piadosamente veneramos como Fundadora de tan grande obra.»

Ahí lo tienes claramente…, no por tus méritos…, sino por los de la Virgen… y a la vez por su intercesión…, serás libre del cautiverio del demonio y de su obra, el pecado. —Pero por eso exige de tu parte amor y oración. —Amor, para apropiarte sus merecimientos…, y oración para suplicarla inter-ponga su poderosa intercesión. —Pídeselo así…, como esta Madre tan dulce y cariñosa se merece.

La santa esclavitud. —Oportunidad extraordinaria te da esta festividad de la Santísima Virgen, para volver a insistir en la vida de la santa esclavitud…, y especialmente, para que te examines sobre ella.—No olvides que ésta es la verdadera devoción a la Virgen…, que toda devoción y consagración a Ella, debe incluir de un modo o de otro esta dulcísima y amorosísima esclavitud.—Recuerda que no es posible darte y entregarte a la Virgen si no es renunciando a tus cosas…, a ti mismo…, y que tanto más prácticamente la amarás cuanto más la entregues la llave de tu voluntad…, cuanto más pongas en sus manos tu libertad… y, por tanto, más te esclavices a su purísimo Corazón.

Detente mucho en esto y no pases por alto este punto…, antes bien, con toda calma y con toda sinceridad, haz este examen de la práctica de tu esclavitud mariana. —Sin duda, que muchas veces se lo habrás dicho y prometido a la Santísima Virgen…, pero la esclavitud no es cosa de palabras…, sino de hechos y obras. —Insiste en contemplar el modelo, que es Ella misma…, ¡cómo se esclavizó de palabra y de obra al Señor!…; la Esclava del Señor era su título y el programa de su vida…, por eso siempre vivió aquello de que «hágase en mí según tu palabra»… ¿Tú también lo vives?… ¿También es tu ideal acomodarte’ a la voluntad del Señor y cumplir su palabra y sus deseos como tu Madre? Pídela que sea éste el fruto grande de esta fiesta…, el que sepas renunciar a toda esclavitud vergonzosa… para vivir siempre esta esclavitud de amor a Dios por medio de María.