Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (30)

La Virgen, clave de América cristiana y testigo amoroso de la piedad y espíritu misionero de los civilizadores del Nuevo Mundo

VVirgen Inmaculada Hispanoamérica arte ColonialY en otra ocasión, hablando también de la antigua Nueva Granada:

“La Colombia de los incontables santuarios marianos —la Virgen de la Peña, la de la Popa, la Candelaria, Nuestra Señora de la Estrella, de las Lajas —para no citar sino las primeras que recordamos…

Y he aquí que surge la idea de este III Congreso Mariano Nacional…; mariano, sobre todo, por haber sido centrado en vuestra amadísima Patrona, en el objeto predilecto de todo corazón colombiano, en Nuestra Señora de Chiquinquirá… No fue la piedad sencilla de Antonio de Santana, ni los pinceles rudimentarios e ingenuos de Antonio de Narváez; ni fueron siquiera las piadosas ansias de aquella María Ramos las que, seis lustros después, maravillosamente las renovaron; fue un don de lo alto a una progenie de su predilección…”.

(Radiomensaje al III Congreso Mariano Nacional de Colombia, 8-XII-1954).

Otro ejemplo radiante: el fidelísimo Perú, todo él recuerdo de la Virgen, que aparece íntimamente mezclada a su vida y a su historia nacional, como protectora de sus héroes y de sus santos, y recurso constante de sus hijos todos.

“…para ser fiel a tan honrosa misión (foco de civilización y de fe), el Perú tenía que ser una nación mariana; y que lo es nos lo dice la intervención de la celestial Señora en su historia; cómo os recuerda la Virgen de la Puerta, y mucho más Nuestra Señora de Suntur Huasi, la parte que ella tomó en su cristianización, como en el caso del famoso santuario de las orillas del Titicaca; la devoción que a su Madre Santísima profesaron vuestros Santos: Santo Toribio de Mongrovejo, el gran devoto de Nuestra Señora de Copacabana; San Francisco Solano, el apasionado de Nuestra Señora de los Ángeles; Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, formados en el amor de Nuestra Señora del Rosario (212).

(212) San Marín de Porres, nació en Lima, en 1569. Entrado como lego en el convento de dominicos de su ciudad natal, se distinguió por su humildad y amor a los enfermos, junto con una gran piedad (+1639). Fue beatificado por Gregorio XVI en 1836.

San Juan Masías, el enamorado de Nuestra Señora de Belén (213).

(213) San Juan Masías, extremeño, pasó al Nuevo Mundo como mercader. A los treinta, y siete años (1622), recibió en Lima el hábito de lego dominico. Llevó una vida de gran humildad y obediencia, en la portería de la casa. Allí recibió varias veces la visita de la Virgen de Belén. Murió, lleno de virtudes y milagros, en 1645, y Gregorio XVI en 1840 le elevó al honor de los altares.

La serie interminable y brillantísima de santuarios marianos, que desde las tierras bajas de Arequipa, con su Candelaria de Caima—del Callao, con su Virgen del Carmen, y de la misma Lima, con sus famosos templos del Rosario y de la Merced—, va subiendo hasta las tierras altas del Cuzco con su Virgen de la Soledad o de Copacabana, que mereció ser cantada por la lira insigne de Calderón de la Barca”.

(Radiomensaje al Congreso Eucarístico y Mariano Nacional del Perú, 12-XII-1954).