Obra Cultural

bebeEl verdadero camino para que el matrimonio, con su unión conyugal y paternidad responsable alcance su objetivo, es su moralidad. Los métodos naturales, fáciles, seguros, equilibrados, relanzan continuamente el amor de los esposos, el autodominio de los mismos y la paz para sus conciencias.

Son varios los métodos naturales reconocidos hoy, que determinados libros los describen al alcance intelectual de todos. La práctica es muy sencilla.

La Iglesia, aunque alaba a los esposos que con espíritu de mayor sacrificio aceptan una prole numerosa, nunca ha dicho que es obligado traer al mundo todos los hijos biológicamente posibles. Dios ha dispuesto con sabiduría leyes y ritmos naturales de fecundidad que por sí mismos distancian los nacimientos, y la misma Iglesia enseña en su doctrina que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida. Esa doctrina está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido, y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el unitivo y el procreador. El acto conserva íntegro el amor mutuo que une y su ordenación a la altísima vocación a la paternidad. Estos actos son honestos y no cesan de ser legítimos si, por causas independientes de la voluntad de los cónyuges, se prevén infecundos, porque continúan ordenados a expresar y consolidar su unión.

Son ilícitos gravemente, según la Iglesia, los métodos anticonceptivos, entre los cuales está el onanismo, el preservativo, el diafragma, la píldora; la esterilización directa, perpetua o temporal del hombre o de la mujer y excluida toda acción que, en previsión del acto conyugal, en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio hacer imposible la procreación.

No es lo mismo «paternidad responsable» que «control o limitación de la natalidad». En la primera incluye generosidad y sacrificio como tarea valiosa; en el segundo hay miedo, comodidad o egoísmo ante las dificultades ordinarias de la vida.

La continencia periódica es lícita, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos; pudiendo usar el matrimonio sólo en los períodos infecundos.

Los métodos naturales se usan sin extorsiones y son más seguros que los anticonceptivos y éstos, además, tienen el riesgo de producir trastornos nerviosos. Bueno será llevar una vida conyugal con plena paz de la conciencia.

La droga, cáncer social

Se habla y se escribe mucho sobre las drogas y todo será poco para atajar el mal grave que tanto daño hace a la sociedad, sobre todo a los jóvenes.

Tras quince años de experiencia, el gobierno sueco comenzó a considerar al toxicómano como un delincuente.

No parece acertado que, a efectos penales, se distinga entre el «consumidor» y el «pequeño traficante», porque éste lo es «a consecuencia de su adicción» y se abriría un portillo para que muchos traficantes, grandes o pequeños, eludan las penas legales.

El problema estriba siempre en cómo evitar la difusión de la droga, desmantelar las redes de tráfico, acabar con los atracos y curar a los toxicómanos.

Un joven drogadicto, si no se pone en tratamiento de curación, tarda dos o tres años en autodestruirse, y deja de ser socialmente productivo para el resto de su vida.

Vale más prevenir que curar. ¿Cómo hacerlo en este caso? Con programas de educación sobre las drogas; no solo una mera información. La escuela debe hacerlo con planes nacionales que abarque el problema en toda su amplitud y totalidad, para que el niño, educado, rechace la droga de adolescente. Incluso desde niños empieza el peligro, por lo que los padres debemos interesarnos por el problema, principalmente para crear ambiente y urgir a los poderes públicos que tomen a su cargo los remedios preventivos, y para rehabilitar a las víctimas de las drogas, que son muchas, y la curación es muy difícil y larga.

La epidemia de las drogas aumenta con gran rapidez, incluyendo, como drogas que son, el alcohol y el tabaco. En España, el consumo de alcohol está cerca de la tercera causa de muerte después del corazón y el cáncer, y por el tabaco se calcula que mueren en España unas diez mil personas cada año.

La televisión es agresiva

Todos sabemos que la Televisión tiene gran poder para lo bueno y para lo malo. Desgraciadamente, no siempre se emplea para hacer el bien y con mucha frecuencia se ofrecen espacios perjudiciales para la sociedad, con la excusa de ser agradables y entretenidos. Los más perjudicados son los niños, adolescentes y jóvenes, a quienes no se respeta debidamente el horario en que se emiten para evitar su presencia ante el televisor.

La pornografía y la violencia, suelen ser los temas principales, en los que se encarna gran peligro, como se comprueba con el hecho de que desde que comenzaron a emitirse programas pornográficos, aumentaron las violaciones en diversos países, incluido España. Países como Suecia o Dinamarca, avanzados en programas pornográficos, retornan, convencidos, al respeto de los valores humanos y, en España, al contrario, se fomentan estos programas.

Hay gran tendencia a imitar lo que se ve, sobre todo niños y jóvenes. Hemos de desear una televisión educativa.

Hay gran cantidad de cosas de las que los que más se quejan son los mismos educadores, ya que enseñan una cosa a los niños y luego la televisión lo desmiente.

¿Qué hacer? Lo primero, protestar de la manera más rotunda y eficaz que a cada uno se le ocurra, principalmente escribiendo cartas a las Autoridades para denunciar el mal y ponerlo en evidencia; a la misma televisión exigiendo rectifique lo que consideramos perjudicial para los telespectadores y lo sustituya por programas formativos y de entretenimiento inocuos. Mejor aún, formando Asociación de Telespectadores que defienda los derechos de los consumidores, pues todos la pagamos. Ya hay algo formado y en formación; necesita fuerza para influir eficazmente; hemos de colaborar todos los que nos sentimos perjudicados. La verdadera unión hace la fuerza y el Estatuto de Televisión, elaborado en 1980, lo permite, incluso sentarse en sus Consejos.

La eutanasia

Hoy día, se combate contra la vida en todos sus aspectos: Contracepción, esterilización, aborto… y se suprime con la eutanasia.

Este desprecio de la vida humana ya es sostenido por personajes políticos, incluso se ha legislado en muchos países las primeras formas de este ataque a la vida humana. Ahora, se pretende legalizar la muerte directa de los mayores o de los enfermos. En contraposición, Juan Pablo II, dice: «La eutanasia es un crimen al que en ningún caso se debe cooperar para suprimir la vida humana».

Hay dos clases de eutanasia: «pasiva» y «activa». La primera, consiste en la interrupción de los tratamientos extraordinarios que sólo permiten el alargamiento de una vida vegetativa. Moralmente es lícito. La segunda, es suprimir la vida por ser inútil, evitar sufrimientos, «tener una muerte digna».

Existen ya asociaciones legales en diversos países, con miles de socios, que luchan por ello. La primera, nació en Inglaterra en 1935. Celebran congresos mundiales y se constituyen en «Federación Mundial de Sociedades por Derecho a la buena Muerte». Presenten, en principio, legalizar únicamente las excepciones, pero en realidad se busca un portillo abierto para llegar a un portalón por el que pasen todos los que se desee. Estas asociaciones abogan, además, por la implantación del testamento biológico. Se trata de una declaración firmada ante testigos en la que el interesado manifiesta que, en el caso de padecer una enfermedad incurable y dolorosa, no deben aplicar medios terapéuticos extraordinarios para prolongar la vida y que, en cambio, le suministren una muerte dulce. En algunos países, esto ya está legalizado.

Al igual que el aborto, la eutanasia está infiltrándose en nuestra cultura; muchos hombres se preocupan exclusivamente de su «nivel de Vida», con menos niños y con la posibilidad de suprimir los enfermos incurables y los viejos improductivos y costosos; estos se verán proporcionalmente cada vez más numerosos y disminuirá la población trabajadora, todo lo cual, hará pensar en una excusa más para justificar la eutanasia.

Fundamento de convivencia social

Desde el punto de vista de la ética natural, el respeto de la vida humana es uno de los fundamentos de la convivencia social. «Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, ni pedir la muerte para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni consentirlo»; hay obligación de curar y hacerse curar; pero no siempre se ha de recurrir a toda clase de medios posibles.

Para el creyente, no hay sufrimiento inútil, aunque es verdad que es, en sí mismo, un mal y, por esto, se hace lo que se puede para combatirlo y vencerlo.

Sólo la fe cristiana puede responder de manera razonable y convincente al problema del sufrimiento aparentemente inútil que conduce a la eutanasia. Es una prueba más de la que sólo la visión cristiana de la existencia puede dar respuesta a los grandes problemas que se refieren al destino del hombre, al destino de la vida y de la muerte.

Ante la inminencia inevitable de la muerte, es lícito usar sólo los medios normales que la medicina puede ofrecer.

Cuando se desprecia la vida humana a un nivel puramente sociológico o económico, surgen en la sociedad movimientos egoístas progresivos. Aparece el aborto, después la eutanasia, después… ¿será el genocidio?

Pedro Arnáiz Fernández

«POR MARÍA EL CIELO SE LLENA Y EL INFIERNO SE HALLA MÁS VACÍO», dice San Bernardo. Y esto se obtiene con el rezo diario de las TRES AVEMARÍAS, ya que es imposible que se condene un verdadero devoto de la Virgen.