Isabel

Alejamiento de Dios

Jesús y María de la MisericordiaHablando del mundo contemporáneo, observa el autor que “el alejamiento de Dios es causado no por el razonamiento sino por la voluntad de separarse de Él”. La búsqueda de una independencia absoluta por parte del hombre le hace rechazar reglas y principios éticos y es causa de múltiples males: “La moralidad, el amor, la libertad, la tecnología y la ciencia no son nada sin la presencia de Dios. El hombre puede concebir las obras más maravillosas, pero éstas serán meros castillos de arena e ilusiones efímeras si no están relacionadas con Dios”. (Ignacio Barreiro – VERBO)

La admiración por Castilla

En la genealogía del falangismo, Mainer Baqué destaca la primacía del 98 y de Ortega y Gasset. En el primero, incide en la meditación sobre la decadencia, la “virginidad histórica del pueblo español”, “el desprecio por las formas de capitalismo moderno”, “la admiración por Castilla”. (Pedro Carlos González Cuevas – RAZÓN ESPAÑOLA)

La mujer

Edith Stein

Ni siquiera humanamente solo: quien vive con la Santa Iglesia y su liturgia, es decir es verdaderamente católico, se encuentra formando parte de esta inmensa sociedad humana, encuentra dondequiera hermanos y hermanas que le están íntimamente unidos. Y si de aquel hombre que va de la mano de Dios brotan ríos de agua viva, ejerce él una fuerza de atracción en las almas sedientas: sin exigírselo, puede, para otras que buscan la luz, ser guía, ejercitar una maternidad espiritual engendrando y formando “hijos” e “hijas” para el reino de Dios.

Piadosa indignación (106)

Dios, en medio de su cólera, se compadece todavía de nosotros. Piadosa indignación, airada para socorrernos, amenazadora para perdonarnos. Es como si dijera: Quiero infundirles pavor porque movidos de él se levanten del cenagal del pecado y vuelvan a mí. Como los ruegos de David: permitid que el azote que ahora causa nuestra tribulación, abra nuestros ojos y nos estimule a abandonar el pecado; porque, en fin, si no cortamos con él, concluirá con precipitarnos en una condenación eterna que es el castigo que nunca acabará (San Alfonso). (Jaime Solá Grané)

Los Fueros

Los Fueros representaron un gran hito en la plasmación de este principio: en el caso de España, y fruto de la lenta reconquista de los territorios invadidos por los moros, surgieron los municipios medievales que, en función de sus necesidades, se dotaban de Fueros, leyes propias y singulares. Sólo en el contexto de los Fueros son los habitantes de las ciudades realmente libres, porque sus gobernantes les representan realmente. Así como las leyes municipales tienen su origen en el Estado, los Fueros “pertenecen a la sociedad”, constituyendo “un conjunto de normas -verbales o escritas-, de costumbres y pactos que, surgiendo espontáneamente de las sociedades, o habiendo sido aceptadas por éstas en el ejercicio de su personalidad, sirven para ordenar sus necesidades y su vida de relación. (Javier de Miguel – VERBO)

El matrimonio en el Vaticano II

En la “Gaudium et Spes”, del Vaticano II, se puede leer: “Por su índole natural, la misma institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole, con las que se ciñen como con su corona propia. Así que el marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt. XIX, 6) se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez más plenamente por la íntima unión de sus personas y actividades. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad”. (Mn. José Ricart Torrens – CATECISMO SOCIAL)

Virtud y ley

Se habla hoy de que la ética tomasiana es una ética de la virtud. Y es cierto, pero no lo es si la virtud queda separada de la ley. La ley contiene los fines de la vida humana y ordena de modo general los actos que han de realizarse para conseguirlos. Por eso, la virtud no puede existir sin la ley. La virtud es una disposición que, en cierto sentido, interioriza el principio de los actos que es la ley, de manera que éstos se comienzan a realizar no sólo por un principio relativamente extrínseco, sino además movidos por el principio intrínseco de la voluntad informada por el amor del bien que persigue. (José Luis Widow Lira – VERBO)