
Monseñor D. José Guerra Campos
Obispo de Cuenca
«Esta mañana he estado cinco horas de pie en un rincón próximo al cuerpo yacente de Francisco Franco viendo pasar a mi lado el desfile prieto, inacabable, de un pueblo que, para verlo un instante, soporta horas de espera. Casi he tocado su emoción, sus lágrimas, sus llantos. He admirado, como otros muchos testigos, la impresionante participación de los jóvenes. Por primera vez en la vida hemos comprobado muchos cómo el homenaje respetuoso de un pueblo a su gobernante tenía la misma vibración conmovedora de un duelo familiar. El mensaje póstumo de Francisco Franco es emocionadamente aleccionador. Espléndida profesión de fe en Cristo y en la Iglesia. Una manifestación de finura evangélica, según las Bienaventuranzas; finura en el perdón; finura en el agradecimiento. Unos consejos de gobernante cristiano para la gran familia cristiana que es, gracias a Dios, la sociedad civil española. Y una muestra de generosidad, propia de un verdadero padre de la Patria, transfiriendo el afecto y el apoyo populares que le rodearon a quien le sucede en la Jefatura del Estado”.
Producciones Armada
Tenerife
De la personalidad de don Francisco Franco, yo destacaría la claridad de ideas, su convicción religiosa, y su determinación para acabar con el periodo revolucionario que trajo la guerra civil. Y una vez concluida, el trabajar siempre por la mejora de las condiciones de vida de los espsñoles. En él razón y fe armonizam perfectamente. Y por eso, sl csbo fel tiempo, vemos, wue la deuda de acradecimiento, contraida con él es cada vez mayor.