Nacimiento de Jesús y pastores

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

San Lucas dice que María dio a luz a su hijo primogénito lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre de animales. A partir del versículo ocho narra el anuncio a los pastores: “En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel Niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. (Capítulo 2, 8 12) (16-20).

Los pastores estarían a unos 2 km. de distancia de la cueva. Hombre sencillos y de fe viva que esperaban al Mesías, al oír a los ángeles salen corriendo hacia Belén. Llegan a la cueva; les sale al encuentro San José que los lleva hasta el pesebre donde está recostado el Niño Jesús. Su madre, la Niña Hermosa de Nazaret, arropaba a su divino Hijo con infinito cariño. Los pastores caen de rodillas ante aquel bellísimo bebé ¡Dios en la tierra!

Aquella buena gente iba cargados de regalos para Jesús, María y José. Vieron el panorama y se dijeron; esto no puede ser ¡Vamos a llevarnos al Niño, José y María a una de nuestras casas! La de Sebastián que es la mejor preparada. No sé. Un día entró este pensamiento en mi entendimiento. Y ahí está, presente en mi memoria.

Dios hecho hombre, pobre y humilde, se revela a los pastores humildes y pobres. Hoy también. Si queremos contemplar la belleza y alegría de Jesús, José y María tenemos que ser humildes y pobres. Ayudar a todos los hombres que sufren la miseria en todas partes del mundo. Ayudar a nuestros misioneros y misioneras que han consagrado sus vidas en atender a Jesús en los que no tienen casi nada.

Los ángeles cantaron: “Paz a los hombres de buena voluntad”. Nuestra buena voluntad, unos con otros. La unión de nuestra voluntad con la de Dios. La sujeción de las pasiones desordenadas a la voluntad y caridad. La paz del alma se pierde por el pecado mortal. Por la falta de generosidad. Por la falta de confianza en la Providencia divina: “¿Quién jamás ha resistido a Dios y gozado de paz?” (Job 2, 4). Cuando nuestra voluntad se entrega Dios, todo es paz, anchura de corazón, gozo y alegría.

No nos engañemos. Que no nos engañe el demonio. La paz no está en las cosas, en su gozo y disfrute. La paz está en Jesús, en la cueva de Belén con María y José.