Valle de los Caidos - Francisco Franco

Francisco Franco

La primera vez que oí hablar sobre la demonización de mi abuelo fue en una conversación con Ricardo de la Cierva, allá por el año 2000, con motivo del XXV aniversario de su muerte. No entendía que todavía se siguiese denigrando su persona y su obra. De la Cierva fue el único historiador que contrastó su biografía personalmente con mi abuelo. En aquel momento estábamos con la polémica de si era o no un dictador, al haberlo definido en el Diccionario Biográfico de la Historia Luis Suarez como autócrata, con gran malestar de la Izquierda, por no tildarlo de Dictador, cosa que posteriormente lograron, convirtiéndolo en acepción que le acompaña cada vez que lo nombran, o a nosotros como “descendientes del dictador”. He pasado de ser nieto de Franco a nieto del Dictador.

Cada vez que se menciona su nombre por parte de los políticos y medios de comunicación, de cualquier signo y en una vuelta de tornillo más, se le califica como asesino, genocida y hasta últimamente como “bestia” (sic), que es como quieren que pase a la historia. Una vez más, la Izquierda ha ganado la batalla de las ideas, frente a la pasividad de la “pretendida derecha” que nunca ha defendido ninguna. Se está haciendo realidad lo que George Orwell describía en su novela 1984, donde un Ministerio de la Verdad manipulaba, borraba o destruía los documentos históricos para crear un relato de la Historia a su conveniencia y un Ministerio de la Paz mantenía una contienda de forma indefinida.

Cuáles son las causas, no tengo la certeza, pero voy a intentar buscar algunas, ya que si viviese hoy Ricardo de la Cierva y viese lo que está pasando con su figura, el asombro sería muchísimo mayor.

En su testamento político, que me emociona todavía cada vez que lo leo, cuando ya se sabía herido de muerte, dijo tras pedir perdón “creo y deseo no haber tenido otros enemigos, que aquellos que lo fueron de España” y que fundamentalmente fueron los comunistas y los masones.

Los primeros no pueden perdonarle haber sido con otros muchos españoles de bien, el único que derrotó al Comunismo con las armas así como el que sofocó la Revolución de Asturias del 34 en defensa de la República, que fue organizada por el PSOE y un incipiente comunismo, armando a los revolucionarios. Ni los rusos blancos cuando la revolución, ni ningún país de la URSS, ni Chiang Kai-shek, en China; ni los franceses en Indochina; ni los americanos en Vietnam y en Cuba y otros muchos antes, fueron capaces de derrotarles. España es un país de héroes y éramos indomables. Expulsamos a los árabes y al Imperio francés de la Península, conquistamos América, dimos la primera vuelta al mundo y cruzamos por primera vez a vuelo el Atlántico en el Plus Ultra, habiendo logrado gestas increíbles.

El rencor, la venganza sobre los muertos vivida estos últimos tiempos, ante la complicidad de la mayoría, difumina lo logrado por nuestros antecesores y me hace difícil reconocer esa España heroica a la que mi abuelo pertenecía por derecho propio, antes de ser nombrado por sus compañeros, debido a su prestigio militar, Jefe del levantamiento contra el caos revolucionario imperante. Tampoco debemos olvidar que fue el último General en comprometerse, por ser leal al orden establecido, que saltó hecho añicos, tras las fraudulentas elecciones de febrero de 1936 y el asesinato a sangre fría del Jefe de la oposición, José Calvo Sotelo tras ser amenazado de muerte en las Cortes por la comunista Dolores Ibárruri. Esa amenaza tenía como antecedente cercano las que profirió en las Cortes el fundador del PSOE, Pablo Iglesias, el 7 de julio de 1910, dirigiéndose a Antonio Maura: “antes de que su señoría suba al poder, debemos llegar al atentado personal”. A los quince días, Maura sufrió un atentado.

En estos últimos años, el único héroe español que me viene a la cabeza es el Padre Santiago Cantera, prior de los benedictinos del Valle de los Caídos, que ha defendido en absoluta soledad y con enorme sentido del honor los derechos de la Iglesia y la santidad del lugar que rige, siguiendo los dictados de su conciencia, pese al abandono de la jerarquía de la Iglesia, que actuando como verdaderos fariseos, se vendieron por treinta denarios, propiciando y facilitando una profanación legalmente bendecida por los poderes del Estado que será para siempre un baldón en la historia de España, un atentado al Estado de Derecho y un testimonio de indignidad para la Iglesia. Y es que, desde los orígenes de nuestra civilización, se ha considerado un horrendo crimen violar la paz de los muertos, crimen que ya hace más de dos mil años, el derecho romano condenaba con la pena capital y que en nuestra patria las Partidas de Alfonso X el Sabio tipificaban como repugnante delito.

Es especialmente remarcable la actitud de los Jesuitas, a los que Miguel de Unamuno llamaba “degenerados hijos de Iñigo”, que éste año 2019 nos han negado a la familia celebrar la misa del aniversario de su muerte en nuestra Parroquia, la iglesia de San Francisco de Borja en Serrano, como los años anteriores, y que desde hace tiempo prohíben en sus colegios a los más jóvenes hacer trabajos sobre él, como personaje contemporáneo. Tienen especial interés en olvidar que llamaron al Caudillo “Cofundador”, al mismo nivel que San Ignacio de Loyola, y le otorgaron Carta de Hermandad. También olvidan que, después de ser disueltos en enero de 1932 en la España Republicana, e incautados todos sus bienes, en mayo de 1938, en plena guerra, fue restablecida la Orden y le fueron devueltos con creces todos los bienes incautados e incluso algunos que lo habían sido por Carlos III. Tenemos las cartas obsequiosas que demuestran que fue por intervención suya personal, que se pudiese establecer en Madrid la Universidad Pontificia de Comillas.

Respecto a la Masonería, no puedo analizar en profundidad su influencia en este turbio asunto, debido a su condición de sociedad secreta. No puedo asegurar la adscripción de muchos de los protagonistas de esta macabra exhumación -para mí profanación-, pero tengo la íntima convicción de que, directamente o manejando los hilos entre bambalinas, han tenido mucho que ver en todo este turbio y macabro proceso. Vivimos tiempos recios y mucho me temo que la izquierda continuará su deriva totalitaria para hacer de nuestra Historia reciente un manual de propaganda que deslegitime y criminalice toda disidencia. Profanado nuestro abuelo, desfigurada hasta la náusea su figura equiparándolo con Adolf Hitler, irán después contra su sucesor en la Jefatura del Estado, contra la Corona y contra el régimen constitucional. Pero a pesar de tan negros presagios, tengo siempre presente las palabras que mi madre repetía con frecuencia desde hace ya mucho tiempo para consolarme: “No te preocupes, tu abuelo se defiende sólo, por lo mucho que hizo por y para España”. Ojalá tenga razón, ya que los pueblos que olvidan o tergiversan su historia están condenados a repetirla, y la triste y dolorosa historia que hizo que mi abuelo se viese obligado a tomar las riendas del Estado, no es, precisamente, para estar orgulloso de ella.

(RAZÓN ESPAÑOLA)