Padre Manuel Martínez Cano mCR.

CREO EN DIOS

Moises y la zarzaLa primera afirmación de nuestra fe es: “Creo en Dios”. Dios es único: no hay más que un solo Dios. Dios es nuestro Padre que está en los Cielos, creador y Señor de todas las cosas, que premia a los buenos y castiga a los malos.

La confesión de la unicidad de Dios aparece ya en la Revelación divina del Antiguo Testamento: “Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 4-5).

El Nuevo Testamento ratifica la fe en un sólo Dios. A los escribas que preguntaban cuál era el primer Mandamiento, Jesús les dijo: “El Señor nuestro Dios es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mc 12, 29-30).

Dios es un espíritu eterno, inmenso, infinitamente perfecto, bueno, sabio, poderoso, justo, misericordioso, principio y fin de todas las cosas.

Creer en Jesús que es “el Señor” (Mc 12, 35-37) y en el Espíritu Santo “que es Señor y dador de vida”, no introduce división en el Dios único.

EL NOMBRE DE DIOS

Dios se reveló progresivamente y bajo diversos nombres a su pueblo, pero la revelación fundamental de su nombre la hizo a Moisés.

Dios llama a Moisés, desde una zarza que arde sin consumirse, y le dice: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”.

Moisés dijo a Dios: “Cuando me pregunten los israelitas cuál es tu nombre, ¿qué les responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “Yo soy el que soy” = YHWH = Yahvé.

Dios, como ser absolutamente necesario, tiene en sí mismo la razón de su existencia. Dios es el ser cuya esencia es existir. Dios es el ser que subsiste por sí mismo, el Ser subsistente, el que Es por sí mismo, el único ser eterno.

Dios, “El que es”, se reveló a Israel como rico en amor y fidelidad. Dios es verdad y amor: mi Señor Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad (2S 7, 28).

DIOS ESPÍRITU ETERNO

Un espíritu es un ser que no necesita materia para existir. Decimos que Dios es espíritu porque es sabiduría y amor y no tiene cuerpo; y decimos que es purísimo porque es más perfecto que las almas y los ángeles.

El Nuevo Testamento designa expresamente a Dios como espíritu: “Dios es espíritu” (Jn. 4, 24); “El Señor es espíritu” (2ª Cor. 3, 17).

La eternidad es duración sin principio ni fin, sin antes ni después, es un ahora permanente. La eternidad es “posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable” (Boecio).

La Sagrada Escritura revela la eternidad de Dios: “Antes de ser engendrados los montes y de ser formada la tierra y el orbe eres tú ¡oh Dios!, desde la eternidad y para siempre”. (Sal. 90, 2).

San Agustín dice que: “la eternidad de Dios es su misma substancia, que nada tiene de mudable. En ella no hay nada pretérito, como si ya no fuera; ni hay nada futuro como si todavía no fuera. En ella no hay sino es, es decir, presente”.

Dios es espíritu porque no tiene materia y es eterno porque no tiene principio ni fin; Dios ha existido siempre y siempre existirá.

DIOS INMENSO

Inmensidad es infinitud de extensión espacial. Dios es inmenso porque está en el Cielo, en la tierra y en todas partes.

La Sagrada Escritura enseña que Dios está por encima de toda medida espacial: “He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte cuanto menos esta casa que yo he edificado” (2ª Cor. 6, 18).

Dios se encuentra presente en todo el espacio creado: “¿Dónde podría alejarme de tu espíritu? ¿A dónde huir de tu presencia? Si subiese a los cielos, allí estás tú; si bajase a los abismos, allí estás presente. Si tomara las alas de la aurora y quisiera habitar en el extremo del mar, también allí me cogerá tu mano y me tendrá tu diestra” (Sal. 139, 7-10).

“Dios no está lejos de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch. 17, 28).

Dios está en todas partes por esencia, potencia y ciencia. Dios está en todas partes porque Dios está en todas las cosas, llenándolo y penetrándolo todo. Dios está en todas partes, porque actúa continuamente en todas las cosas. Dios está en todas las partes porque lo ve, sabe y conoce todo.

La Tradición divina es una mina riquísima en la exposición de esta doctrina: “Ante todo cree que no existe más que un solo Dios… que todo lo abarca, mientras que Él es inabarcable” (Pastor de Hermas).