Francisco Franco - Jefe de Estado

La Victoria y el resurgimiento nacional

Por eso, desde los primeros momentos, la administración de la Victoria se hizo en beneficio de todos los españoles. Nos enfrentamos con el problema de aquella triste herencia, que nos legaba una Nación económicamente atrasada, con una masa de obreros, creciente en muchas provincias españolas, carentes de trabajo; un campo atrasado y una industrialización incipiente y pobre. Por eso, nuestros primeros pasos fueron encararnos con la necesidad de una ocupación total, al tiempo que hacíamos todo lo posible por cambiar el signo de nuestra economía; hacer que los sueños aquellos de tantos pensadores españoles de que las aguas de nuestros ríos no arrastrasen nuestras tierras al mar; o aquel otro del padre Pérez del Pulgar de crear una gran red nacional eléctrica que alimentase nuestras fábricas e hiciera posible nuestra transformación industrial, y aquellos sueños de racionalizar nuestros ríos y regar nuestros secanos, todo lo que los grandes españoles imaginaron, lo hicimos nosotros realidad. Si todo eso podíamos implantarlo en los primeros momentos, lo emprendimos sin vacilación, estableciendo los primeros jalones a través de los esfuerzos para que no faltase trabajo a nadie en el área de España. Podrán decirnos unos que en ciertos aspectos esto nos llevaba a la inflación. Sí, señor, a todo lo que fuera necesario…, a todo lo que fuera necesario para que en los hogares españoles no faltara ni la lumbre ni el pan.

Pero esta primera etapa, como digo, era esencial para nuestra vida. Nosotros no teníamos, por el despojo de nuestros tesoros y por el abandono en que había caído España durante tantos años, medios suficientes para enfrentarnos con todas las necesidades del pueblo español. Y por eso hubimos de padecer el racionamiento y salvar los días difíciles; pero, sin embargo, administramos bien nuestro haber, haciendo que los sufrimientos para la Nación fueran los menos posibles; más al mismo tiempo que dábamos pan y trabajo, atacábamos dura y profundamente todo el problema económico de la Nación, el abandono de cincuenta años. Y así hemos llegado a esta hora, en que casi tenemos agotadas las posibilidades eléctricas de nuestra Nación, ciento catorce embalses han producido ya el remansamiento de nuestras aguas, que las vierten ya en una gran parte en nuestros grandes regadíos. Y si no vamos más de prisa es porque necesitamos subordinarnos a las posibilidades de nuestra economía, porque los gastos e inversiones del Estado tienen que ser medidos, y por ello no podemos hacer tan rápidamente el desiderátum de lo que deseamos.

(18-VII-1960: Palacio de El Pardo,  Madrid. —Aprendices,  Artesanos  y Becarios de la  Organización Sindical.)