Santisima Trinidad y loa ángeles

Padre Manuel Martínez Cano mCR.

EL MISTERIO DE DIOS

La Santísima Trinidad -Un solo Dios y tres personas distintas- es uno de los misterios de la Revelación divina que la razón humana no hubiera conocido por sus solas luces naturales; sin embargo, es una verdad de fe que conocemos con toda certeza por medio de la Sagrada Escritura.

El Antiguo Testamento resaltó cuidadosamente la unidad de Dios “Escucha Israel: Yahvé es nuestro Dios, sólo Yahvé”, porque Israel estaba rodeado de pueblos politeístas y corría el peligro de caer en la práctica de la idolatría; pero pasado este peligro, se revela claramente el misterio de la Santísima Trinidad en el Nuevo Testamento.

La historia comparada de las religiones enseña que el politeísmo (varios dioses) es una degeneración del monoteísmo (un solo dios); la humanidad no pasó del politeísmo al monoteísmo, sino del monoteísmo al politeísmo.

“Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos” (Catecismo de la Iglesia).

REVELACIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

La Santísima Trinidad es el mismo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

La revelación del Antiguo Testamento es figura de la del Nuevo Testamento. Por eso en el Antiguo Testamento sólo aparecen alusiones veladas del misterio de la Santísima Trinidad: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gen. 1, 26).

En el bautismo de Nuestro Señor Jesucristo se revela claramente el misterio de la Santísima Trinidad: “Bautizado Jesús, salió luego del agua y he aquí que se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre Él, mientras una voz del Cielo decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias” (Mt 3, 16-17).

El pasaje evangélico donde se revela con mayor claridad el misterio de la Santísima Trinidad es en el mandato de Nuestro Señor de bautizar a todas las gentes: “Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 19).

Cristo menciona a las tres divinas personas, que tienen una misma esencia o naturaleza, como lo indica la fórmula singular del mandato de bautizar “en el nombre”, no “en los nombres de”.

EL SÍMBOLO “QUICUMQUE”

El símbolo “Quicumque” alcanzó tanta autoridad en la Iglesia Occidental y en la Oriental que entró en la liturgia de la Iglesia y ha de tenerse por verdadera definición de fe:

“Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica, y el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre. Ahora bien, la fe católica es que veneramos a un sólo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas ni separar las substancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo, pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad.

Cual el Padre, tal el Hijo, tal el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un sólo eterno, como no son tres increados, ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.

Así, Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Señor, porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular, así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores.

El Padre, por nadie fue hecho, ni creado ni engendrado. El Hijo fue por sólo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres Padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos; y en esa Trinidad nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres Personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad”.

EXPLICACIÓN TEOLÓGICA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Uno de los argumentos teológicos más conocidos para explicar el misterio de la Santísima Trinidad es el siguiente: Así como nuestro entendimiento, al entender una cosa, produce una idea de lo que conoce, de la misma manera, el Padre, conociéndose eternamente a Sí mismo, engendra el Verbo de Sí mismo, que es el Hijo, consubstancial al Padre.

Y así como nuestra voluntad al amar, produce el amor de lo que ama, así el Padre y el Hijo, amándose eternamente, producen (espiran) un amor que es el Espíritu Santo, consustancial al Padre y al Hijo.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se identifican en su única esencia divina, pero no se identifican entre sí, porque no constituyen una sola persona, sino tres personas distintas.

En las tres divinas personas no hay prioridad ninguna de tiempo, sino de origen. El Padre es la primera persona, que no procede de nadie, y por eso se llama Ingénito, no engendrado. El Hijo es la segunda persona, que procede eternamente del Padre por generación intelectual; se le llama Unigénito, el Verbo, la Palabra. El Espíritu Santo es la tercera persona, que procede eternamente del Padre y del Hijo, como de un sólo principio, por espiración de la voluntad y del amor divinos; se le llama Amor, Caridad, el Don por excelencia.