El Consiliario
* «Hay que ser africano para atreverse a decir sin complejos que esas «regiones tradicionales» son zonas de miedo y ausencia de libertad» (Cardenal Sarah).
* Rafael Gambra nos decía la importancia del arraigo de los hombres en sus familias, en sus terruño. Hoy da la sensación que muchas personas están arraigadas en su móvil. Viven aisladas.
* Los hombres y mujeres sencillos andan por la vida confiados en la Divina Providencia. Otros dan la sensación que les corroe la envidia y que el miedo les atenaza. No se ven alegres y confiados.
* Me dicen: «la que está cayendo sobre la Iglesia». Es verdad. Estamos en tiempos de decadencia, confusión y corrupción. Dios lo permite para prueba de sus escogidos. Estamos en tiempos de Santos ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina!
* El padre y tío de varios antiguo alumnos, entre ellos uno sacerdote, cuida a sus nietos. Su hija y yerno trabajan, me ha dicho que siempre: «tendría que haber niños en la casas. Son la alegría de los mayores. Esta cultura que no quiere hijos está averiada, triste».
* «Estamos asistiendo al proceso de desaparición de todo principio unitario en el mundo. Hay una anarquía en el orden político, en lo pedagógico, en lo teológico, en lo pastoral, en lo jurídico canónico, en lo familiar, en la vida escolar y en todas las dimensiones de la sociedad» (Mercedes Palet Fritschi).
* La misericordia de Dios es infinita. No lo olvidamos nunca. Su justicia también es infinita. Es evidente que los políticos que han promulgado leyes antihumanas y antidivinas se condenarán eternamente en el infierno. Siempre podrán arrepentirse y confesarse antes de presentarse al Juicio Divino. Recemos.

Mientras en el hogar doméstico brille la llama sagrada de la fe cristiana y los padres imbuyan con esta fe las almas de los hijos, no hay duda alguna de que nuestra juventud estará siempre dispuesta a reconocer prácticamente la realeza de Jesucristo y a oponerse valiente y virilmente a todo cuantos intenten desterrar al Redentor de la sociedad humana y profanas sacrílegamente sus sagrados derechos. Donde se cierran las iglesias, donde se quitan de las escuelas y de la enseñanza la imagen de Jesús crucificado, queda el hogar familiar como el único refugio impenetrable de la vida cristiana, preparado providencialmente por la dignidad divina.
* Hay quiénes tienen el entendimiento tan corrompido que son incapaces de conocer la verdad. Se encierran en un mundo imaginario y ahí se pudren.