Legionarios con el Crucifijo

Óscar Rivas

Solo puede ser ultra aquel que dice o hace cosas ultras. Por ejemplo, quienes pactan desde el gobierno con los terroristas, son ultras. Quienes se rebelan contra la nación para destruirla son ultras. Quienes defienden la ideología que asesinó a cien millones de personas son ultras. Quienes se aprovechan de su púlpito gubernamental para advertir a los terroristas de que las fuerzas de seguridad del Estado están sobre su pista, son ultras. Quienes destruyen la familia son ultras. Quienes consienten por acción o por omisión el asesinato de millones de inocentes a los que no se da la opción de nacer, son ultras. Las feministas que afirman que el hombre por el solo hecho de serlo es malvado, y la mujer, por el solo hecho de serlo, es bondadosa, son ultras. Quienes profanan las tumbas de sus enemigos so pretexto de retomar a la convivencia, son ultras. A decir verdad, España está llena de colectivos y personas que piensan, hablan y actúan como ultras; y que, como buenos ultras, imponen la mordaza de su proverbial intolerancia a quienes no piensan como ellos. Y, pese a todo, qué paradoja, gracias a su poder sobre los medios, se permiten la licencia de calificar de ultras a los que no lo son. Simplemente por atreverse a disentir de sus ínfulas totalitarias.

(RAZÓN ESPAÑOLA)