Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Apología de la Hispanidad

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

La Hispanidad, firme y prometedora realidad (21)

Una fraternidad sincera en la verdad histórica (3)

Hagamos una última consideración con vistas a los lectores, de la península.

Lo dicho sobre la influencia masónica en la escisión americana es verdad; pero lo que no hay que hacer tampoco -fácil, halago para el patriotismo español—es creer que los que buscaron la ruptura de los lazos entre la metrópoli y las Américas eran todos poco menos que diablos, y que han de permanecer perpetuamente excomulgados en nuestras historias católicas. Contra esta actitud errada, que ha cundido tanto en España como en ciertos medios de América, se ha levantado hoy una aguda crítica histórica que está demostrando la buena voluntad y el acendrado catolicismo de no pocos de los “rebeldes”.

Alberto J. Triana, hablando concretamente de los prohombres de Argentina, escribe:

“En lugar de la mitología patriótica de la Argentina laicista con sus próceres de la “guardia vieja”—venerados como semidioses en el Olimpo liberal de la historia mistificada por las fábulas masónicas oficializadas como oráculos— veneremos más bien—o por lo menos junto a ellos, exhumándolos del olvido y ubicándolos donde corresponde—a los que, al independizarnos de la Madre Patria —como dijo Avellaneda—tomaron todas las precauciones para no independizarnos de su Dios y de su culto, de su tradición y de su legislación cristiana.

Por lo que es de los Romanos Pontífices, admiremos el equilibrio y tacto exquisito de que dieron prueba al desmembrarse América de España. Después de una prudente reserva, que les aconsejaba la inesperada precipitación de los sucesos, tomaron; una posición francamente conciliadora con los sublevados, estableciendo negociaciones directas con los nuevos países independientes, y proveyendo de obispos a las sedes vacantes sin contar, para ello, por primera vez en la historia de Hispanoamérica, con la Corte de Madrid. Su deber pastoral, que está por encima de todos los intereses de este mundo, les exigía tan noble y cristiana postura.

Pío XII, por su parte, es verdad que no ha dejado de señalar a los católicos americanos el hecho cierto de que a partir de la secesión del Nuevo Mundo, las jóvenes naciones han caído en una crisis social y religiosa a todos evidente. De ella son muestras inequívocas las múltiples revoluciones, las persecuciones y vejámenes contra la Iglesia, en Méjico y en todos los demás países del continente, pues ninguno de ellos se ha visto libre de estas dos plagas en algún período del último siglo y medio.

Su Santidad no ignora tampoco la parte importante que las sociedades secretas, fueran o no estrictamente masónicas, pero en cualquier caso bien vistas por los «hermanos tres puntos», tuvieron en la lucha de las colonias hispanas contra la metrópoli.