Nuestra Señora de Siluva - LITUANIA

¡Viva Jesús Sacramentado!
¡Viva y de todos sea amado!

¡Viva María Santísima! ¡Viva!

En el verano de 1608, unos pastorcitos, mientras estaban con el rebaño cerca de la aldea de Siluva, vieron a una mujer hermosa. Jugaban cerca de una gran roca. Repentinamente uno tras otro quedaron inmóviles, mirando fijamente en dirección a la roca. Podían oír un llanto fuerte. Entonces los niños vieron a una mujer joven y hermosa que estaba en la roca y que sostenía a un bebé en brazos. Ella lloraba amargamente. No habló, pero los miró con gran tristeza. La mujer vestía un traje azul y blanco. Su pelo largo, castaño claro caía suavemente sobre sus hombros. Una luz extraña rodeaba a la mujer y al niño.

El pastor calvinista y mucha gente de la aldea también vieron a la señora que lloraba con el bebé en brazos, tal como los niños la habían descrito. La mujer reflejaba un dolor profundo y sus mejillas estaban llenas de lágrimas. Finalmente el pastor recuperó la calma y le preguntó, “¿por qué llora usted?” Con una voz llena de dolor, ella contestó, “había una época en que mi amado hijo era adorado por mi pueblo en este mismo lugar. Pero ahora han dado este suelo sagrado al arado, a la siembra y a los animales de pasto”. Dicho esto, sin más palabras, desapareció.

La certeza de que la Madre de Dios se había aparecido para regañarlos por haberse apartado de la fe católica creció rápidamente entre la gente. Siluva, al igual que buena parte del norte de Europa, se había convertido mayoritariamente al protestantismo. Los fieles católicos se sentían desamparados.

La mayoría prestó atención al mensaje de la Virgen y comenzó a volver a la iglesia verdadera fundada por su Hijo Divino, Jesucristo. Una década más tarde, en la fiesta de la Natividad de la Virgen María, más de 11.000 personas recibieron la Comunión durante una Misa celebrada en el lugar de las apariciones.

Se han registrado muchos milagros y la capilla ha experimentado numerosos cambios. Tuvieron que ser construidas iglesias más grandes para acomodar a los peregrinos. La devoción a Nuestra Señora de Siluva sigue creciendo con el paso del tiempo.

La aparición fue reconocida por un decreto papal publicado por Pío VI el 17 de agosto de 1775. La característica más notable es que el milagro lo vivieron personas que no pertenecían a la fe católica.