Jefe del Estado español General Francisco Franco presenciando desfile militar

Falta de sentido humano del comunismo

Comprenderéis que para luchar contra esto no nos basta la acción negativa de denunciar la amenaza, de sacar a la luz la falta absoluta de sentido humano que el comunismo entraña, su anulación de la libertad por el terrorismo policiaco, sus campos de concentración, sus crímenes, sus checas y sus torturas, ni su imperialismo declarado, pues, pese a ello, el comunismo tiene un enorme poder de captación; especula con la miseria de los pueblos, explota la injusticia, halaga las pasiones, esgrime la mentira y los procedi­mientos innobles y no repara en medios ni en los gastos.

Frente a él no puede oponerse un Estado aséptico y neutral, ni unos sistemas políticos que abran las puertas a la malicia organizada. Podían, en los tiempos de bonanza, descansar las naciones en el egoísmo de su comodi­dad de seguir la línea de menor resistencia. Hoy no caben situaciones ambiguas; la batalla continúa por otros procedimientos, y lo que España se juega es muy importante para que podamos inhibimos. Existe una consigna que el comunismo siembra y que tontos y malvados inconscientemente repiten: la neutralista, o la de que «hay que despolitizar». Conocen, como maestros —pues han dedicado estudios profundos a la materia—, que el hombre es eminentemente social y político, que si no se le llena el hueco que lleva en su conciencia con un ideal, con una doctrina sana y constructiva, es seguro que otros lo llenarán con otras demoledoras.

(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)

El pesimismo, los intelectuales y el destino universal

Nunca se proclamará bastante lo que el pesimismo representa para esta contienda. Hay que enfrentarse con el reducido grupo de los intelectuales pesimistas que —lo mismo que ocurrió el 98— con su crítica negativa, su negación de los ideales y el envenenamiento de la juventud, tienden a cambiar su natural noble y generoso en amargado y estéril, lo que podría implicar, si arraigase, el fin de toda esta era de prosperidad y grandeza, logradas a costa de tantos sacrificios.

(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura).