Sentía resonar en lo más profundo de su ser la queja del Corazón de Jesús a Santa Maravillas de Jesús, al pedirle la fundación del Carmelo del Cerro de los Ángeles:
“Aquí quiero que tú y esas otras almas escogidas de mi Corazón me hagáis una casa en que tenga mis delicias. Mi Corazón necesita ser consolado y ese Carmelo quiero que sea el bálsamo que cure las heridas que me hacen los pecadores. España se salvará por la oración”.