Jesús nos habla de Satanás es “homicida desde del principio”; “mentiroso y padre de la mentira”, odia la Verdad.

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

¿Es una novedad la intervención demoníaca? No; Jesús nos habla de Satanás como el adversario habitual del reino de Dios; es “homicida desde del principio”; “mentiroso y padre de la mentira”, odia la Verdad (1); y por eso los que le siguen no acogen la palabra de Dios: él mismo arrebata la semilla de sus corazones; para que no crean y se salven (2).

Esto es habitual. Pero hay horas en que Satanás zarandea a los creyentes de modo extraordinario; y precisamente para estas horas recibió Pedro el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos (3). Pablo VI está convencido hace años de que ésta es una hora extraordinaria de Satanás. Tres días antes de que lo dijese públicamente en la misa de San Pedro tuvimos la oportunidad de referir aquí sus reiteradas manifestaciones en ese sentido.

¿Por qué es una hora extraordinaria? Sin duda, porque está en curso un ataque a las raíces del ser mismo de la Iglesia y la religión. Felices aquellos a quienes no haya alcanzado el oleaje; pero el Papa, renovando el aviso de San Pedro (4), nos pone a todos en guardia frente al poder maligno que ronda para devorarnos. ¿Y en qué consiste exactamente este ataque radical? El Papa lo ha expuesto en centenares de ocasiones. Algo hemos apuntado ya en “El octavo día”. Pongámoslo de relieve de un modo claro y conciso.

Ante todo, es bueno recordar lo que advierte Jesús: el diablo es “mentiroso”; induce al mal bajo apariencia de bien. Cuando tentó al mismo Jesús (5), antes de llegar a la proposición descarada contra el reino de Dios (“Te daré los reinos terrestres, si postrado me adorares”), pasó gradualmente por otras, que parecían razonables (subvenir a la necesidad de alimentos, hacer una ostentación milagrosa ante el pueblo) y aparentaban servir al reinó; pero, en realidad, desviaban del camino trazado por la voluntad de Dios. La pretensión de que el poder de Dios manifieste necesariamente su eficacia en la solución inmediata de problemas temporales, el exhibicionismo conforme a las expectaciones de moda en las gentes, son la negación de la Cruz. Por esa vía no hay adhesión al reino de Cristo; lo que hay es un intento de utilizarlo para nuestros programas. De ahí que la muchedumbre, que le aclamó rey tras la multiplicación de los panes, le abandonase cuando Él levantó su atención hacia el pan d vida eterna (6). Y cuando Pedro quiso disuadir al Señor de aceptar la pasión, oyó: “Apártate de mí, Satán” (7).

Notas:

(1) Jn. 8, 44-47.

(2) Mt. 13, 19; Me. 4, 15; L&. 8, 12.

(3) Lc. 22, 31-32.

(4) 1ª Pe. 5, 8.

(5) Mt. 4, 1-11.

(6) Jn., cap. 6.

(7) MT. 16, 23.