ORÍGENES DE LA DEVOCIÓN

Existen referencias de la Virgen María como pastora en la vida y escritos de Juan el Geómetra (siglo X), San Juan de Dios (siglo XVI), San Pedro de Alcántara (siglo XVI) ​ y la venerable María Jesús de Ágreda (siglo XVII). ​

La devoción a la Divina Pastora de las Almas tiene su origen en el siglo XVIII en el convento capuchino de las Santas Justa y Rufina de Sevilla, España. El 24 de junio de 1703 el fraile Isidoro de Sevilla tuvo una visión de la Virgen vestida de pastora rodeada de ovejas, que le reveló la devoción a la Divina Pastora de las Almas. Le pidió al pintor Alonso Miguel de Tovar un cuadro con la imagen de la Divina Pastora con la siguiente descripción:

En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen Santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas de blanco pellico, ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el contorno de su cuerpo, y hacia el derecho, en las espaldas, llevará el sombrero pastoril, y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá unas rosas y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge hacia su regazo. Algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando su rebaño, y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del avemaría con que la veneran. En lontananza se verá una oveja extraviada y perseguida por el lobo –el enemigo emergente de una cueva con afán de devorarla, pero pronuncia el avemaría, expresado por un rótulo en su boca, demandando auxilio; y aparecerá el arcángel San Miguel, bajando del Cielo, con el escudo protector y la flecha, que ha de hundir en el testuz del lobo maldito

Este fraile fundó la Primitiva Hermandad del Rebaño de María. La primera escultura, encargada por este religioso, fue realizada en 1704 por Francisco Antonio Ruiz Gijón. Se trataba de una imagen de la Virgen de vestir que era sacada en procesión acompañada por feligreses que rezaban el santo rosario. ​ La escultura fue trasladada en 1705 a la iglesia de Santa Marina, donde situó su sede la hermandad que la tenía como titular.​

Fray Isidoro de Sevilla escribió a finales de noviembre de 1703 el libro La Divina Pastora Coronada, que se publicó en 1705.