Leyendo la vida de un sacerdote piadosísimo y valiente que predicó sus primeros ejercicios espirituales en mi pueblo, he recordado los insulticos que los niños decían a los cobardes: “cagones, gallinas, meones”.
De los que no quieren seguir al Señor, San Ignacio dice que son unos perversos caballeros. No estamos en tiempos de “cagones, gallinas, meones”. Hacen falta Cristianos piadosísimos y valientes. Los sacerdotes, los primeros.
