padre canoPadre Martínez Cano, m.C.R.

Los católicos no podemos pedir la condenación eterna de los enemigos de la Iglesia de Cristo. Ya tienen en vida su propio castigo; la avaricia, el egoísmo, el odio, sobre todo el odio. Desprecian el amor de Cristo.

Pidamos por su conversión. Que conozcan el fuego de amor del Corazón de Cristo. Que lo amen. Que se salven eternamente.

*

Me comunican de distintos y distantes lugares de España, que los fundamentalistas de las libertades y derechos democráticos están tirando a los basureros signos religiosos que han permanecidos en sus pueblos durante siglos.

Estas marionetas políticas, cobran bastante. Pero nada se llevarán al infierno. Las buenas obras tendrán un premio de eterna felicidad.

*

El Salmo cuarenta y ocho dice: “El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece”.

Nosotros decimos: el hombre rico y humilde es un santo. Socorren a los pobres, ayudan a los misioneros, crean puestos de trabajo…

Recemos para que todos los ricos sean humildes, muchos los son. Otra cosa es el capitalismo salvaje organizado.

*

Los enemigos de Cristo quieren destruir su Iglesia. Destruir la fe en los corazones de los bautizados y en las instituciones públicas.

Los católicos, hijos de María Santísima, tenemos el sagrado deber de defender a la Iglesia hasta derramar nuestra sangre. Testigos de Cristo oportuna e importunamente.

Cristo murió por nosotros. A morir por Cristo. Somos raza de mártires. Hoy más que nunca.