cristo-rey (1)Montserrat

Juez Justo y Rey de Misericordia

“Escribe esto: Antes de venir como el Juez Justo, vengo como el Rey de Misericordia. Antes de que llegue el día de la justicia, les será dado a los hombre este signo en el cielo. Se apagará toda luz en el cielo y habrá una gran oscuridad en toda la tierra. Entonces, en el cielo aparecerá el signo de la cruz y de los orificios donde fueron clavadas las manos y los pies del Salvador, saldrán grandes luces que durante algún tiempo iluminarán la tierra. Eso sucederá poco tiempo antes del último día. Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 83 y 84.

Síntesis nueva y genial

“Una nueva civilización que está ya inscrita en el mismo nacimiento de América Latina; que se va gestando entre lágrimas y sufrimientos; que espera la plena manifestación de la fuerza de libertad y liberación de los hijos de Dios; que realice la vocación originaria de una América Latina llamada a plasmar -como afirmaba Pablo VI ya en 1964- en una “síntesis nueva y genial  lo espiritual y lo temporal, lo antiguo y lo moderno, lo que otros te han dado y tu propia originalidad”. En síntesis: un testimonio de una “novísima civilización cristiana” (Homilía en la Basílica de San Pedro, 3 julio 1964)” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, p. 41.

Manejar a mis súbditos

“David Hume lo explicó muy bien en su brevísimo ensayo Sobre los primeros principios del gobierno: «La opinión es el único fundamento del gobierno, y esta misma alcanza igual a los gobernantes más despóticos y militares que a los más populares y libres». Lo ejemplificaba así: «El sultán de Egipto o el emperador de Roma pueden manejar a sus inermes súbditos como simples brutos, a contrapelo de sus sentimientos e inclinaciones; pero tendrán que contar al menos con la adhesión de sus mamelucos o de sus· cohortes pretorianas ». Marx se equivocó al interpretar la historia como el conflicto entre las clases sociales. Acertaban en cambio Aristóteles y Maquiavelo al interpretarla en función de las oligarquías.” Dalmacio Negro Pavón, Revista Razón Española, nº 192, julio-agosto 2015, p. 20.

Soberanía tradicional

“La soberanía social es la jerarquía de personas colectivas, de poderes organizados, de clases, que suben desde la familia, que es su manantial, hasta la soberanía, que llamo política concretada en el Estado, que deben auxiliar, pero también contener. La Monarquía tiene entre nosotros el apoyo de una soberanía muy grande, muy poderosa y que hoy no se quiere reconocer: la soberanía que llamaré tradicional, en virtud de la cual la serie de generaciones sucesivas tiene derecho, por el vínculo espiritual que las liga y las enlaza interiormente, a que las generaciones siguientes no la rompan y no puedan, por un movimiento rebelde de un día de locura, derribar el santuario y el alcázar que ellas levantaron y legar a las venideras montañas de escombros.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 54.

La decisión prudencial de los gobernantes

“«La piedad es provechosa para todo» (1Tim. 4, 8). Y en este sentido, la Iglesia fue la mejor custodia de las verdades que los que tienen competencia en las diferentes esferas temporales deben respetar como principios para guiar sus opciones prudenciales; así como también la mejor garante de la obediencia que les es debida, lo que recordó varias veces, entre otros, León XIII (Especialmente en la encíclica Immortale Dei, 1885). Dicho eso, la decisión prudencial de los gobernantes escapa como tal de la competencia directa de la jerarquía eclesiástica, lo que no impidió en la práctica ciertos abusos. Podemos incluir en esta categoría la consigna del Ralliement (1892), en la cual verificamos una intromisión abusiva de tipo clerical, si no teocrático, en la arena temporal, por cierto favorecida por las debilidades de los seglares del momento.” Bernard Dumont, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 408.

Ideología y falsedad

“Por tanto, la ideología tiene un claro componente de falsedad consciente, de encubrimiento voluntario. Si se tiene en cuenta la dialéctica pasión-emoción que recorre el pensamiento de Fernández de la Mora la función de distorsión voluntaria de la realidad, de mentira, no es adjetiva ni mucho menos. La ideología es un instrumento con el que una elite justifica ciertas pretensiones irracionales respecto al poder y que, por medio de una teorización falsea de la realidad consigue ganarse la adhesión de la masa. Por otra parte, la supuesta racionalidad de la ideología también actúa como encubridora desde una perspectiva involuntaria, es decir, en cuanto falsa conciencia.” Carlos Goñi Apesteguía, Revista Razón Española, nº 193, septiembre-octubre 2015, p. 200.

El mal sobre todo mal

“De consiguiente, el Liberalismo, que es herejía, y las obras liberales, que son obras, hereticales, son el pecado máximo que se conoce en el código de la ley cristiana. De consiguiente (salvo los casos de buena fe, de ignorancia y de indeliberación), ser liberal es más pecado que ser blasfemo, ladrón, adúltero u homicida, o cualquier otra cosa de las que prohíbe la ley de Dios y castiga su justicia infinita. No lo comprende así el moderno Naturalismo; pero siempre lo creyeron así las leyes de los Estados cristianos hasta el advenimiento de la presente era liberal, y sigue enseñándolo así la ley de la Iglesia, y sigue juzgando y condenando así el tribunal de Dios. Sí, la herejía y las obras hereticales son los peores pecados de todos; y por tanto el Liberalismo y los actos liberales son ex genere suo, el mal sobre todo mal.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, p. 13.