pablo VI

Rvdo. P. José María Alba Cereceda, S.I.
Meridiano Católico Nº 198, septiembre de 1995

Un hermano nuestro tuvo que sufrir pública humillación y desprecio en la iglesia de los PP. Redentoristas por querer recibir arrodillado la sagrada comunión. Se le negó la comunión y sufrió en voz alta una desautorización por parte del sacerdote oficiante. Con palabras vejatorias se le siguió increpando mientras tenía que retirarse a su lugar sin recibir el Cuerpo Santísimo del Señor.

El día de su muerte el Papa Pablo VI, asistió con devoción en su misma cámara a la Santa Misa. En el momento de la comunión, hizo un esfuerzo supremo y se arrodilló en el reclinatorio y recibió de rodillas al Señor. Aquel mismo día entregaría su alma a Dios.

¡Qué contraste! El Sumo Pontífice recibiendo el Cuerpo del Señor arrodillado el último día de su vida, y nuestro hermano, tiene que retirarse humillado porque no se le quiere dar de rodillas la Sagrada Comunión.

Vivimos en plena persecución contra la tradición de la Iglesia, contra los usos litúrgicos por ella aprobados, por parte de quienes con espíritu deformado se empeñan en seguir el monstruo del orgullo que desprecia la piedad de tantos cristianos que no quieren ser devorados por el progresismo y la insumisión que se han introducido en la misma Iglesia. Estamos en una guerra psicológica constante que alcanza toda la vida del hombre y toda la manera de pensar y obrar. Ese es el progresismo: la subversión de todo lo humano y religioso.

Pero no temáis, pequeño rebaño. Frente a los insumisos, mostrad vuestra sumisión a la Santa Iglesia, a su doctrina, a su Magisterio y a las santas tradiciones recibidas y aprobadas. Frente a la indiferencia, sed fervorosos y alegres en el cumplimiento de nuestro deber de piedad y apostolado. Frente a los amigos de las modas y los oportunistas, sed amigos de la Cruz. Frente a los que se autotitulan moderados y acomodados a cualquier situación, seamos simplemente fieles, sin glosas y con caridad para todos. Tengamos paciencia. No entréis en el desánimo al veros rodeado de la incomprensión del ambiente, de vuestra propia familia, de las gentes religiosas. Hemos sido llamados por la misericordia divina para esta vocación de sufrir en los últimos tiempos los sufrimientos de la Iglesia que preparan el gran Pentecostés que se avecina. Sabed que este desierto de negaciones y penalidades que hemos de cruzar, es el camino para que llegue con mayor esplendor el triunfo prometido del Corazón Inmaculado de María.

No sea Vd. resistente, no sean Vds. resistentes a los cambios que patrocinan los caprichos de los hombres, pliéguese Vd., pliéguense Vds. a las consignas del momento, de cada momento, a la situación presente que nos obliga a nuevos planteamientos, se nos dice una y cien veces y desde hace años y años. Y eso nos lo dicen personas que no pueden ofrecernos más que el vacío de sus palabras, porque detrás de su paso no ha quedado más que vacío de obras, vocaciones, indiferencia religiosa, iglesias sin fieles, sin juventudes, sin nada que fundamente un optimismo esperanzado en una renovación auténtica de mentes y corazones. Por los frutos los conoceréis. El campo en el que ellos se mueven y desde el que nos argumenta con sus progresismos no puede estar más desolado…

Nuestra confianza es el Sagrado Corazón que prometió reinaría en España. Perseveremos en nuestra vocación. El Rosario de cada día nos dará la fuerza para seguir desde dentro la Pasión de la Iglesia, para vivir también desde dentro el día feliz en el que se hará un solo rebaño y un solo Pastor.