¿No conocéis la Medalla de la Santísima Virgen, así llamada por el pueblo cristiano? He ahí su origen celestial.
Trasladémonos con la imaginación al Seminario Central o Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en el número 40 de la calle parisina del Bac, en la vecina Francia. Formando parte de la Comunidad de novicias de dicha Casa Madre, allí reside una piadosa novicia, Zoé, que en este año 1830 cuenta sólo 24 de edad. Zoé, sin diferenciarse externamente en nada de sus hermanas de noviciado vive, sin embargo, una vida interior muy intensa, y es un modelo de piedad, de obediencia a las Reglas del Instituto, de sumisión a sus superiores, Por lo demás externamente -ya lo hemos dicho-una más entre las religiosas que integran la comunidad del Seminario o Noviciado vicentino.
Pero en los arcanos de su Divina Providencia, Dios Nuestro Señor tenía designada a la novicia Zoé, o si queremos, a Sor Catalina Labouré, que tal era su nombre como religiosa, para cumplir una misión excepcional en el aspecto religioso. El Señor permitió, por así decirlo, a su Santa Madre que eligiese como destinataria de sus apariciones maravillosas a la humilde novicia, correspondiendo así, con delicadeza celestial, a los deseos de Sor Catalina, que anhelaba vivamente con-templar a la Santísima Virgen con sus ojos inocentes. PRIMERA APARICIÓN. -En la tarde del 18 de julio de 1830, víspera por aquel entonces de la fiesta de San Vicente de Paúl, que había fundado la Congregación de las Hijas de la Caridad en el año 1633, la Hermana Directora del Seminario dio a las novicias una conferencia sobre la devoción a los santos y a la Santísima Virgen. Acostóse la novicia bajo la impresión de las palabras oídas a su maestra, y a eso de las once y media de la noche, oyó que la llamaban por su nombre por tres veces consecutivas. Despertó Catalina, y cerca de ella, un ángel vestido de blanco la invitó a ir a la capilla, donde, sentada junto a la balaustrada del presbiterio, la Santísima Virgen la esperaba… La novicia se postró a los pies de la Celestial-Señora, apoyando sus manos sobre las rodillas de María, entablándose entonces entre ellas un coloquio inefable, cuyo contenido no es posible transcribir por no hacer demasiado extenso este relato. En el coloquio, Nuestra Señora anuncia a Sor Catalina los males en que se verá envuelta la humanidad, especialmente Francia, por haber desoído los hombres las enseñanzas del Evangelio.
Segunda y tercera apariciones
Llegados aquí en nuestro relato, dejemos hablar a la propia novicia, transcribiendo sus propias palabras, aquéllas con las que Sor Catalina pone en conocimiento del P. Aladel, su director espiritual, el prodigio sobrenatural del que ella había sido destinataria y protagonista, por expreso deseo de la Señora. Sor Catalina, de su propia mano, escribió a su director espiritual lo siguiente: «El 27 de noviembre de 1830, víspera del primer domingo de Adviento, a las cinco y media de la tarde, en medio del profundo silencio de la meditación, oí del lado derecho del altar como un ruido de sedas que se rozan, e inmediatamente vi a la Santísima Virgen junto al cuadro de San José… Sus manos, levantadas a la altura del pecho, sostenían un globo que representaba al mundo, como así lo manifestó la Señora. Aquí ya no sé describir de ningún modo la espléndida belleza ni el brillo que cobraron los rayos luminosos -que salían de sus manos-, cuando la Santísima Virgen dijo: ESTOS RAYOS SON FIGURA DE LAS GRACIAS QUE DERRAMO SOBRE LAS PERSONAS QUE IMPLORAN MIS FAVORES. Así me hacía comprender cuán generosa es con las personas que a Ella se dirigen. ¡Cuántas gracias concede a los que se las piden! En estos instantes inefables, ¿existía yo o no existía? No lo sé. ¡VO gozaba… gozaba intensamente!» NACE LA MEDALLA MILAGROSA, EL GRAN REGALO DE NUESTRA SERORA. -Continúa escribiendo Sor Catalina: «De pronto, la aparición tomó forma de un óvalo, en cuya parte superior se dibujó esta inscripción en caracteres de oro: iOH MARIA, SIN PECADO CONCEBIDA! ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS. Aunque sumida en arrobamiento, la novicia pudo oír con claridad estas palabras de María: HAZ ACUÑAR UNA MEDALLA SEGÚN ESTE MODELO. CUANTOS PIADOSAMENTE LA LLEVEN, RECIBIRAN GRACIAS, PARTICULARISIMAS, SOBRE TODO SI LA LLEVAN SUSPENDIDA DEL CUELLO. LAS GRACIAS SERÁN MUY ABUNDANTES PARA CUANTOS LA LLEVAREN ANIMADOS DE CONFIANZA». ¿Necesitamos más? ¿No sabemos que la Virgen no falla nunca y que lo que Ella dice o promete no deja de tener cumplimiento?
Continúa escribiendo Santa Catalina -santa decimos, y así es, pues fue elevada al honor de los altares en el año 1947, por el Papa Pío XII, de inolvidable recuerdo-: «Un instante después, el retablo se volvió, dejando ver en el reverso la letra M, sobre la que se levantaba una cruz: que descansaba en una barra horizontal, y debajo, los Sagrados Corazones de Jesús y de María; el primero rodeado de una corona de espinas, y el segundo atravesado por una espada>>. Un biógrafo de Santa Catalina hace observar lo que sigue: «Aunque los apuntes de la vidente nada dicen de las doce estrellas que circundan el monograma de María y los dos Sagrados Corazones, sin embargo, siempre ha figurado en el reverso de la MEDALLA, pues es moralmente seguro que este detalle lo manifestó de viva voz Santa Catalina».
Todavía es favorecida la novicia con una nueva aparición de Nuestra Señora, en el mes de diciembre de 1830, la cual fue a modo de una ratificación del mandato de acuñar la MEDALLA y de procurar su difusión por todo el mundo. «¡Será llevada en triunfo y dará la vuelta al mundo entero!», dijo Sor Catalina.
***
Con la narración que acabamos de hacer queda expuesto el origen celestial de la MEDALLA MILAGROSA. Como podrán comprobar, ninguna otra medalla tiene el privilegio especialísimo de haber sido mandada acuñar por la propia Santísima Virgen. De aquí su excelsitud y su eficacia sobrenatural. Guardando silencio en torno al hecho de las apariciones, sólo la vidente dio conocimiento de las mismas a su director, el P. Aladel. Éste, prudente y reacio en un principio, tardó hada menos que dos años en solicitar del arzobispo de París permiso para proceder a la acuñación de la MEDALLA. Puesta la misma en circulación por las propias Hijas de la Caridad y por piadosos y entusiastas sacerdotes, sobre todo en hospitales, clínicas, sanatorios, e incluso en los mismos frentes de batalla de las guerras habidas posteriormente, bien pronto alcanzó popularidad y estima extraordinarias. Los frutos de su devoción eran visibles: conversión de pecadores, atracción de infieles al redil de la Iglesia, vuelta a la intensidad de fe de muchas almas tibias y remisas a la piedad… Todo esto, en cuanto al espíritu, que en cuanto al cuerpo ya lo material, los favores se multiplicaban: curación de enfermedades, acercamiento de familias distanciadas, abandono de vicios, preservación de accidentes, etc. Sobresale entre los favores concedidos por la Santísima Virgen a través de la MEDALLA MILAGROSA, la con-versión al catolicismo del judío Alfonso de Ratisbona, acaecida en Roma en el año 1842. Su extensión y divulgación fue fabulosa. De Francia pasó a España y prácticamente a todos los países de Europa, y posteriormente a casi todos los del mundo, según la vidente había vaticinado. La MEDALLA MILAGROSA la usan actualmente los malgaches de Madagascar, los kondos de la India… Lo mismo sucede en Australia, Formosa, China… En los Estados Unidos de América se reparten anualmente más de cinco millones de MEDALLAS, y el campo de su extensión es incalculable. En París, las visitas de peregrinos a la santa Capilla de la calle del Bac son incesantes, y los mismos proceden de casi todas las naciones del mundo. Los misioneros y misioneras de los territorios de misión la prodigan con abundancia, sobre todo en lugares de conversión difíciles… Y un recuerdo nos viene a la memoria, entre otros: la figura del mártir polaco de la caridad, P. Maximiliano María Kolbe, franciscano, que las repartía a millares, llevando los bolsillos de su hábito siempre colmados de MEDALLAS MILAGROSAS, que eran llamadas por el heroico mártir «cartuchos infalibles», pues nunca fallaban, decía, en su apostolado, ya que cuerpos y almas quedan sanos ante el uso confiado y piadoso del santo talismán que la Santísima Virgen mandara acuñar a una novicia, en la calle del Bac, de París.
***
La santa guardó su secreto, el de las apariciones de la Santísima Virgen y el encargo de acuñar la MEDALLA, hasta los últimos días de su vida. Sólo su director espiritual – y últimamente su Superiora – conocían que la Virgen había hecho a Sor Catalina receptora de tales maravillas. Zoé-Catalina murió santamente en el mismo París, en el Hospicio de Enghien, en el barrio de San Antonio, el 31 de diciembre de 1876. La muerte de «la Santa del silencio» fue placidísima. Así lo aseguraron los presentes. Procuremos llevar sobre nosotros la MEDALLA MILAGROSA. Si no la llevas, hazlo cuanto antes. Ella te librará del pecado y de todo mal, sea cual fuere su naturaleza. Ella te atraerá mucho bien» mucho favor del cielo. Invócala con frecuencia, sobre todo en las tentaciones. Dile muchas veces al cabo del día la jaculatoria infalible: « i OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA! ROGAD POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A VOS».
