Jorge Soley Climent
La llegada al poder de Jordi Pujol en 1980 supuso para este magma de “Cristianos por el nacionalismo” el inicio de una nueva etapa en la que se alinearon sin fisuras con la orientación que Pujol fue imponiendo, lentamente pero sin descanso, sobre la sociedad catalana. Fue Pujol quien regó con abundancia de honores y subvenciones a los clérigos nacionalistas, quien presionó hábilmente, escudándose en su catolicismo, para que éstos fuesen acaparando los puestos de mayor responsabilidad en la Iglesia, en lo que bien podríamos calificar como “neogalicanismo” a la catalana. Todo eran ventajas para quienes se alineaban con el poder nacionalista en Cataluña y colaboraban con sus planes para someter a la sociedad a su reingeniería social, y muchos clérigos -hay que reconocerlo- , aceptaron con agrado esta dinámica. A cambio, sólo se les exigía “hacer país”, un hallazgo semántico para designar la priorización de la “Catalanización” sobre la evangelización. El resultado previsible, el abandono de muchos fieles y el vaciamiento de las iglesias, no afectó mucho a la mayoría de sus responsables, que ya habían puesto a la nación en el centro de su corazón y que compensaban su fracaso en el plano religioso con el calor agradecido que el nacionalismo en el poder les suministraba en abundancia.
* Los endemoniados quieren destruir el matrimonio, porque lo instituyó Dios. Es sagrado.
Tenía un corazón grande enamorado de Jesús, libre de apegos. Solo usaba lo estrictamente necesario, lo más pobre, lo más austero. Usaba la armadura de gafas que habían desechado otras monjas, cuando se partía la armadura, las mandaba pegar, hasta que ya en la óptica, decían que no se podían pegar más veces. Entonces volvía a la caja de las gafas usadas y decía: «¡Qué Bueno es Jesús!, éstas me están muy bien». Aunque las monjas veían que no me quedaban tan bien, pero es que me encantaba ser pobre y los pobres se conforman con todo lo que tienen. Además quería imitar a Jesús que pudiendo nacer rico, en un palacio y con todas las comodidades que quisiera eligió la pobreza como tesoro, para enseñarnos que teniendo lo necesario para vivir se puede ser muy feliz. Por eso mismo, el hábito y la túnica los tenía siempre remendados, conforme se me iba rompiendo le iba poniendo piezas, así gozaba mucho con mis remiendos.
Iguales ideas que las expresadas en Quarto abeunte saeculo, repite León XIII, más tarde, en una encíclica que dirigió a los Estados Unidos de América, beneficiarios también, como los otros pueblos del continente, de la hazaña del 12 de octubre de 1492.
* Sólo la libertad en la verdad y el bien, es libertad humana.