Padre Pio - Santa MisaSí, estamos hablando de la eucaristía. Aquí vamos a explicarte brevemente qué es, cuales son los beneficios que nos aporta y cómo tomarlo convenientemente.

¿De qué tipo de superalimento hablamos?

Lo primero que tenemos que decir es que la eucaristía es un superalimento del tipo sacramento. Un sacramento es un signo, algo que podemos ver, en este caso un poco de pan o unas gotas de vino, que contiene algo que no podemos ver, más allá de las vitaminas o los hidratos, que es la presencia real de Jesucristo, la gracia que concede al cuerpo la vida eterna. De ahí que muchos hayan llamado a este superalimento en la historia “pan de ángeles”, en recuerdo de aquel maná que Dios dio a Moisés y a su pueblo (Ex 16).

Entonces, ¿qué es la eucaristía?

La eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su muerte y resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

¿Cuándo instituyó Jesucristo la eucaristía?

Jesucristo instituyó la eucaristía el Jueves Santo, “la noche en que fue entregado”, mientras celebraba con sus apóstoles la Última Cena.

¿Cómo instituyó la eucaristía?

Después de reunirse con los apóstoles en el cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía”.

¿Qué representa la eucaristía en la vida de la Iglesia?

La eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del Cielo y anticipamos la vida eterna.

¿Qué lugar ocupa la eucaristía en el designio divino de salvación?

En la Antigua Alianza, la eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: “Haced esto en memoria mía” (1ª Cor 11, 24), ha celebrado siempre la eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

Entonces, ¿la eucaristía se celebra o se recibe?

La eucaristía se recibe dentro de una celebración. Ya que la eucaristía nos une con Dios y con su pueblo, la Iglesia, recibirla en el marco de una celebración ayuda a entender que nada de ella sucede al margen del pueblo, que un sacramento se recibe siempre por la Iglesia, en la comunión de la Iglesia y para el beneficio de toda la Iglesia.

¿Cómo se desarrolla la celebración de la eucaristía?

La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

¿En qué sentido la eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo?

La eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: “Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros” y “Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros” (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la eucaristía.

¿De qué modo la Iglesia participa del sacrificio eucarístico?

En la eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del Cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

¿Cómo está Jesucristo presente en la eucaristía?

Jesucristo está presente en la eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

¿Qué significa transubstanciación?

Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las “especies eucarísticas”.

¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?

La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

¿Qué se requiere para recibir la comunión?

Para recibir la sagrada comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

¿Cuáles son los frutos de la sagrada comunión?

La sagrada comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el bautismo y la confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

¿Por qué se dice que la eucaristía es “prenda de la gloria futura”?

La eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del Cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del Cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.

Y, en concreto, ¿cómo se recibe la sagrada eucaristía en la Misa?

El sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente.

No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos. Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia.

Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente.

Por último, ¿y la eucaristía que no se ha consumido en la comunión?

Esta queda reservada en el sagrario, una especie de despensa cerrada, preciosamente decorada e iluminada, cerca del cual se sitúa una vela, siempre encendida, que nos recuerda que ahí está realmente presente Cristo. Por eso, al entrar en una iglesia y descubrir el sagrario y la luz, hacemos una genuflexión (llevando la rodilla derecha al suelo), como signo de fe y devoción. Y repetimos el mismo gesto al salir. ¡Así, nuestro cuerpo reconoce y desea unirse al Señor, participar en este saludable superalimento!