El Consiliario

María con el Niño Jesús enbrazos* Dios quiere que todos vayamos al Cielo. Para que el demonio no nos engañe, San Bernardo nos advierte: “Trabajemos para tener el manjar que no se consume. Trabajemos en la obra de nuestra salvación”. ¡A trabajar! a practicar las virtudes heroicamente.

* Mis viejos amigos saben que, en mis años mozos hice un Máster de profetismo. Se lo que va a pasar dentro de un mes. Saldrá el Sol. Ahora le dan el título a cualquiera. Muchos eclesiásticos hablan de la futura Iglesia, de la próxima catástrofe ecológica. Tonterías. No saben nada.

* Jesucristo dijo que habláramos claro: “Si, si; no, no”, porque lo demás viene del maligno. La verdad no cambia. Santo Tomás de Aquino dice: “Que lo que ha sido verdad en un tiempo siempre será verdad”. La existencia del infierno es una perenne verdad. En él se sufre eternamente.

* Hace meses que me viene y se va la idea de que el gran problema de la Iglesia es la corrupción doctrinal. Los herejes que conviven en la Iglesia. La lujuria también lo es, por supuesto. No olvidemos el mensaje de Fátima: La mayoría de los que se condenan son por los pecados de la carne. Y son muchos.

* Nuestro amigo y hermano Alberto murió con las insignias puestas: La de Adoración Nocturna y la de Militante de la Unión Seglar de San Antonio María Claret. Tenía 49 años. El sábado, después de comer, le dijo a su madre: me duele el hombro izquierdo voy a acostarme. Pasado un rato se levantó y dijo a su madre: estoy mejor, pero me voy acostar. Su madre, viendo que tardaba, entro en la habitación, Alberto estaba de rodillas en el suelo, y el cuerpo sobre la cama. Rezando el rosario, que tenía en las manos, entregó su alma a Dios.