Pablo

Volver a empezar

San José y Niño Jesús poniendo corona de floresTambién porque esta etapa se pude resumir así: Juan Pablo II quería y comprendía al Opus Dei; Benedicto XVI lo comprendía, pero no lo quería, Francisco ni lo comprende ni lo quiere. Y por otra razón más importante, que, a fin de cuentas, hablamos de la obra de Dios, no de la obra de los papas: la Iglesia de las catacumbas que viene se aparece mucho a la Iglesia española de 1931: el poder está en su contra y no caben medias tintas. Ya no sólo se va contracorriente, se va contra el poder, empeñado en destruir a la Iglesia y a la civilización cristiana. Traducido: no sólo no hay que aceptar lo políticamente correcto, sino que hay que revolverse contra ello. Y arriesgarse a perderlo todo… a volver a empezar. (Eulogio López – HISPANIDAD)

El Rosario, comunicación entre Dios y el hombre

El Rosario es el puente de comunicación entre Dios y el hombre, entre el Creador y la criatura, y este puente es Jesús. Sin Él nadie puede atravesar el abismo que va de la nada, que es el hombre, a la infinidad divina. Y santo Domingo hizo este puente transitable para todos. Los efectos de la altísima contemplación de los anacoretas, monjes y ascetas, los cuales, apartados del mundo, pasan la vida en las sublimes ascensiones del espíritu, por medio del Rosario, a su manera, se hacen también asequibles al gran número de los cristianos. (Josep Torras i Bages – CRISTIANDAD)

Fuerte tensión

¿Y a qué aspira hoy la comunidad eclesial, durante tantos siglos faro de Europa? En estos momentos existe una fuerte tensión, promovida justamente desde altísimas instancias, que parece intentar arrastrar a la Iglesia Católica hacia los dogmas del mundo, hacia doctrinas opuestas frontalmente a las de su mensaje evangélico que, desde su fundación, la tradición eclesial ha transmitido con sufrida fidelidad. Algunos se han empeñado en parecerse al mundo, mimetizarse en él, acogerse a su aprobación y a sus elogios y en obtener de lo políticamente correcto, la legitimidad moral que creen haber perdido. Una auténtica subversión pues de los valores del Evangelio. (Custodio Ballester Bielsa, pbro.)

Vivir para el bien de los demás

Puede decirse que la vida fraterna entre seres humanos es el espacio perfecto para la purificación, pues supone morir a sí mismo constantemente, ganándose mutuamente para Cristo. Es una aventura fecunda el desafío de vivir para el bien de los demás, para la significativa tarea de encaminar la creación hacia Dios, y que sea salvada de manera integral. (Ángela Cabrera – VIDA SOBRENATURAL)

Pudor y castidad  (121)

Y esta suma conveniencia no es meramente por razones cuantitativas: un sacerdote célibe sale más barato, tendrá más horas libres para trabajar, será más fácilmente trasladable de una a otra función, etc. No, no va por ahí esa conveniencia del celibato -aunque también ésas son condiciones exteriores favorables-, pues muchos trabajadores casados trabajan tanto o más que otros solteros. No. El celibato apostólico nace de razones cualitativas, espirituales, relacionadas con la misteriosa fecundidad de la virginidad. En efecto, el celibato “dilata hasta el infinito el horizonte del sacerdote” y le conduce a una “más alta paternidad” (Sacerd. coelib. 56; cf 26, 30). (José María Iraburu)

La alegría pascual

Nunca, Señor, estuviste más cerca de la Resurrección que en la tarde de Viernes Santo y en el sepulcro. Nunca, María, se acercaba más ligera la madrugada de la alegría pascual que en las horas de la Soledad. ¿Por qué no gozarse ya sacerdotalmente en la cosecha divina que se acerca, a pesar de la cerrazón, de la noche oscura que nos agarrota? (José Ricart Torrens, Pbro. – AVE MARÍA)

El padre Solá habla del demonio (37)

Si cogemos la Biblia llama la atención, si uno reflexiona, ver que en las primeras páginas de la Biblia ya aparece el diablo. Dios crea a Adán en el Paraíso, crea a Eva, y aparece la serpiente que es el diablo, que tienta a Eva; sin más ni más. No ha hablado de la creación de los ángeles, ni de los demonios, ni nada de eso. Aparece aquello. Después se habla varias veces de los ángeles, más que de los demonios, en el Antiguo Testamento. No se da ni un solo caso en el Antiguo Testamento de una posesión diabólica. Se habla del diablo, sí, pero posesión diabólica, nada. Como si no hubiese. (P. Francisco de Paula Solá S.J.)