Papa Francisco

San Longinos recogiendo la cora de espnasMateo muestra diferentes maneras en que uno puede encontrarse con Cristo y reaccionar ante su presencia. Herodes y los escribas de Jerusalén tienen un corazón duro, que persiste y rechaza la visita de ese Niño, es una posibilidad cerrarse ante la luz de Dios. Representan a quienes, incluso en nuestros días, temen a la venida de Jesús y cierran sus corazones a los hermanos y hermanas que necesitan ayuda. Herodes teme perder el poder y no piensa en el verdadero bien de las personas, sino en su propio interés personal. Los escribas y los líderes del pueblo tienen miedo porque no pueden mirar más allá de sus certezas, al no poder captar la novedad que hay en Jesús.

Cardenal Robert Sarah

“Proclamamos un Cristo crucificado, un escándalo para los judíos y una locura para los gentiles” (1ª Corintios 1, 23-24) ¡No teman! ¡No se rindan! La Iglesia, a través de la voz de los papas, especialmente desde la encíclica Humanae vitae, les confía una misión profética: testificar ante todos sobre nuestra confianza gozosa en Dios, quien nos ha hecho guardianes inteligentes del orden natural. Queridos padres y madres, ¡la Iglesia los ama! ¡Amen a la Iglesia! Ella es su madre. No se unan a los que se ríen de ella, porque sólo ven las arrugas de su cara envejecidas por siglos de sufrimiento y dificultades. Incluso hoy, ella es hermosa e irradia santidad.

Cardenal Carlos Osoro

Quiero hablaros al corazón sobre el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros frente a dos propuestas engañosas que, en este momento, nos presentan un modo de entender al ser humano disfrazado de verdad: a) mutilar el Evangelio con una ideologización que no evangeliza, y b) analizar y clasificar a los demás, gastando energías en controlar siempre y sea como sea, desprestigiando o inventando, pero nunca queriendo y ayudando, que es donde se muestra el interés por el otro. Lo grave es que, en ambos casos, no interesa la persona del Señor; hay otros intereses, como son imponer a los demás lo que yo quiero que sea Jesucristo.

Obispo José Ignacio Munilla

Cuando uno descubre que ser santo y ser feliz es lo mismo se llega a un momento clave en nuestra conversión. La no santidad es la causa de nuestro sufrimiento. Sin Jesucristo no es posible la felicidad

Obispo Francisco Pérez González

La sexualidad ha sido creada por Dios para armonizar y ejercer su fin último que es la procreación. De ahí que el matrimonio -la unión indisoluble de un hombre y una mujer, ordenada al bien de ambos y a la generación y educación de los hijos- es la belleza más preclara de la Creación y es la expresión más hermosa, donde se constituye una familia.

Obispo Juan Antonio Reig Pla

Desgraciadamente España, después de un largo proceso secularizador que está rompiendo los vínculos con Dios, con la tradición católica, con la familia y con el propio cuerpo, ofrece en estos momentos un panorama que no garantiza el bien común de la sociedad. Tampoco provee la protección de las personas en el campo específicamente humano que es el amor paterno -filial y el amor entre hermanos propio de la familia, como célula primera de la sociedad. Este es el carácter finalístico de la naturaleza humana, creada por Dios, quien, por la creación del varón y de la mujer, es el autor del matrimonio a quien ha dotado de varios bienes y fines (Cf Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 48-51)

San PÍO X

Pascendi Dominici Gregis  (85)

Siendo esto así, podría sorprender en gran manera que entre católicos prevaleciera este linaje de crítica. Pero esto se explica por una doble causa: la alianza, en primer lugar, que une estrechamente a los historiadores y críticos de este jaez, por encima de la variedad de patria o de la diferencia de religión; además, la grandísima audacia con que todos unánimemente elogian y atribuyen al progreso científico lo que cualquiera de ellos profiere, y con que todos arremeten contra el que quiere examinar por sí el nuevo portento, y acusan de ignorancia al que lo niega, mientras aplauden al que lo abraza y defiende. Y así se alucinan muchos que, si considerasen mejor el asunto, se horrorizarían. A favor, pues, del poderoso dominio de los que yerran y del incauto asentimiento de ánimos ligeros se ha creado una como corrompida atmósfera que todo lo penetra, difundiendo su pestilencia.