Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Papa Francisco inciensandoLos promotores de la nueva Iglesia están endemoniados. Solo hay una Iglesia fundada por nuestro Señor Jesucristo. El Papa Francisco ha dicho: “No podemos vivir una vida entera acusando, acusando, acusando, acusando a la Iglesia ¿El oficio de acusador de quién es? ¿Quién es el que la Biblia llama el gran acusador? ¡El diablo! Y aquellos que se pasan la vida acusando, acusando, acusando son: no diré hijos porque el diablo no tiene ninguno sino amigos, primos y familiares del diablo”.

Lo que más duele a los hijos de la Iglesia es que la denigren y calumnien sus descastados hijos. Nuestra iglesia ha llegado hasta hoy por el heroísmo de nuestros santos, mártires y confesores. Amparados por la protección maternal de la Virgen Santísima. Los enemigos internos y externos están endemoniados, son hijos del diablo, “vuestro padre es el diablo”, dijo Jesús a sus enemigos. El diablo es el padre de la mentira y estos descastados no predican nada más que las mentiras que, acaso han conocido, en libros escritos por “teólogos” católicos. Estos heterodoxos deben ser expulsados de la Iglesia.

Jesús eligió como Apóstoles suyos a personas sencillas pero egoístas, interesados. Les va explicando que pronto va a ser encarcelado, torturado, muerto en una cruz y que al tercer día resucitará. Pero los Apóstoles iban a lo suyo. Discutían quién era el más importante entre ellos. Algo de ese espíritu invade ámbitos de la Iglesia en nuestros días. Cristo vino al mundo para salvar eternamente a los hombres. Y los hombres a lo suyo. Todos abandonaron a Jesús en el Huerto de los Olivos. Judas le vendió por treinta monedas de plata. Pedro le negó tres veces.

El día de Pentecostés, el Espíritu Santo los convirtió. Y salieron del Cenáculo predicando la muerte y resurrección de Jesucristo. Todos murieron mártires. San Juan sufrió el martirio, pero el Señor lo preservó de morir en una caldera de agua hirviendo ¿Que pasó para esta transformación radical de los Apóstoles? Que sus corazones se llenaron de amor de Cristo. Es lo que deseamos hoy para la jerarquía de la Iglesia y los seglares.

Hoy se viaja mucho para hablar en cualquier lugar del mundo. También nuestras oraciones y sacrificios llegan a todo el Cuerpo Místico de Cristo y a toda la Tierra. La Iglesia tiene un tesoro grandioso en los conventos y monasterios de vida contemplativa. Muchos están tristes y desanimados por los tiempos sombríos que pasamos. Pero esto lo sabe Dios, lo permite para santificar a su Iglesia. Nada sin Dios. Toca combatir los nobles combates de la fe.

En la Iglesia de Cristo puede entrar libremente quien quiera y libremente puede separarse. Pero la Iglesia tiene poder para expulsar a los bautizados que han caído en herejía, a los apóstatas y a los cismáticos, por tanto, dejan de ser miembros de la Iglesia.

Herejes.- Son aquellos que, después de haber recibido el Bautismo, niegan pertinazmente alguna o varias verdades de fe divina y católica.

Apóstatas.- Son aquellos que, después de haber recibido el Bautismo, niegan con pertinacia todas las verdades que han de ser creídas como de fe divina y católica.

Cismáticos.- Son aquellos que, después de haber recibido el Bautismo, admiten todos los dogmas de la fe, pero se niegan a obedecer al Papa.

Excomulgados.- Son aquellos que son expulsados de la Iglesia por haber caído en censura eclesiástica.

Todos los separados de la Iglesia, si se arrepienten de sus errores, y piden perdón ante el tribunal de la Iglesia, vuelven a ser miembros de la Iglesia.