Montserrat

Ley del divorcio

Niña con hábito de Carmelita en oraciónEn esta pretendida neutralidad ética y religiosa se apoya el consabido argumento prodivorcista: “No puede imponerse por ley una opinión propia de ciertos creyentes. La ley debe ofrecer a los ciudadanos una posibilidad de opción libre. Cada creyente conservará su derecho a ser fiel a los dictados de su conciencia. De esta forma, creyentes y no creyentes podrán moverse con la indispensable libertad”. Para desmontar el hábil escamoteo que late en este razonamiento, basta advertir que, independientemente de las creencias de los ciudadanos, la práctica del divorcio se muestra a la experiencia cotidiana y a la reflexión filosófica como llena de riesgos para la sociedad. Si estos riesgos son graves, los responsables del bien común no están autorizados a conceder libertad de opción en tal materia a cada uno de los particulares por emotivas que sean algunas de las razones esgrimidas. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

¡Intransigente!

¡Intransigente! ¡Intransigencia! Oigo exclamar aquí a una porción de mis lectores más o menos resabiados, tras la lectura del capítulo anterior. ¡Qué modo de resolver la cuestión tan poco cristiano! ¿Son o no prójimos, como cualquier otro, los liberales? ¿A dónde vamos a parar con estas ideas”? ¿Cómo tan descaradamente se recomienda contra ellos el desprecio de la caridad? (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

El criterio ordenador

Del propio concepto de bien común como bien humano, de todo hombre en tanto hombre, brotan dos corolarios. En primer lugar, respecto de los bienes particulares de las personas y las sociedades inferiores a la política, el bien común funge de coordinador y criterio ordenador; es, diríamos, la regla de la subsidiariedad. Castellano lo ha recordado al proponer el concepto de política como justa medida que toma de Gentile; y también cuando trae a colación la tesis de Marcel De Corte según la cual el bien común es principio de unidad, unión que implica la desigualdad y el carácter orgánico de la sociedad, compuesta de una multitud en la que hay capacidades, vocaciones y papeles diversos. (Juan Fernando Segovia – Verbo)

El problema de los partidos

Así surgirán dos regímenes distintos, y ya no se planteará el problema de los partidos y de los fragmentos de partido, pues los substituirán aquéllos que yo he llamado alguna vez partidos circunstanciales. Si hay la representación de las clases sociales en los Parlamentos, que son los permanentes, habrá a su lado, según los intereses momentáneos, partidos, que pueden no ser dos, sino varios, hasta una docena; y puede haber una cuestión, por ejemplo, la internacional, en que varios elementos estén conformes, aunque esos mismos elementos no lo estén en cuestiones de enseñanza y hacienda. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

El historicismo de Croce

El historicismo de Croce es, pues, pura filosofía especulativa y la tarea de Gramsci consiste en traducirlo en términos de filosofía de la praxis, conciliándolo así con un marxismo en el que lo espiritual se anteponga a lo económico. La filosofía de Croce, tratada de este modo, no sólo deja de ser incompatible con el marxismo, sino que contribuye a su superación crítica, de modo que la historia coincida con la filosofía. (Aquilino Duque – Razón Española)

Posición determinista

Una persona real tiene profundas raíces en una sociedad y una cultura dadas, donde en el pasado el mensaje salvador de Cristo se ha visto encarnado de múltiples maneras. Podemos estudiar sociedades del pasado en las que el respeto de la naturaleza humana tal como nos ha sido dada por Dios es reconocido por los diversos órganos políticos que están guiados por la Ley Natural y la revelación. (Mons. Ignacio Barreiro Carámbula – Verbo)

Tu misericordia y Tu bondad

Deseo transformarme en la hostia expiatoria delante de Ti, pero en una hostia no consagrada delante de los hombres; deseo que  la fragancia de mi sacrificio sea conocida sólo por Ti. Oh Dios Eterno, arde en mí el fuego  inextinguible de la súplica por Tu misericordia; siento y comprendo que ésta es mi tarea, aquí y  en la eternidad. Tú Mismo me has ordenado hablar de esta gran misericordia Tuya y de Tu bondad. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)