Francisco Elías de Tejada

virgen de montserrat oracion para urgentes necesidades 3Fijaos cómo el conde de Ribagorza, cuarto vástago de Jaime II y humilde fraile franciscano, fray Pere de Aragó, acude a textos bíblicos para justificar la existencia de las cortes catalanas. Pensad cómo el arzobispo tarraconense Pere de Çagarriga demostraba no hay gobierno justo si falta la libertad de los ciudadanos, al contestar a la “proposició” real o discurso del trono que diríamos hoy en las cortes barcelonesas del 4 de enero de 1412, tesis repetida por el abad Juan de Poblet en la sesión del 17 de octubre de 1414 sobre bases senequistas por el prelado barcelonés Simó Salvador el 19 de octubre de 1442. Memorad las audacias ideológicas del obispo de Elna, de la Elna del Rosellón irredento, fray Francisco Eiximenis, en una serie de tratados cuyo valer todavía no está reconocido en sus méritos excepcionales. Y tener presente sobre todo a los incomparables juristas de los días de Alfonso el Magnánimo, a Jaume Callís, a Tomás de Mieres, a Jaume Marquilles y Antonio Amat, pléyade gigantesca cuyos nombres son suficientes para inmortalizar a un pueblo entero y cuyas ideas son las nuestras, las que enarbolamos aquí, porque son las doctrinas verdaderamente catalanas, las que levantamos frente a esos destacados a que antes me refería, dados a renegar con vilezas de menosprecio de una historia cargada de tantas magistrales pesadumbres.

Como la materia es inmensa yo quiero concretar en un solo ejemplo este estilo de imperio en libertad: lo que acaeció en el gobierno de Cerdeña. Es con ocasión de las revueltas que asolaban a la isla, donde un partido agrupado en torno a las poderosas familias de los Oria y de los Arborea, mantenía encendida permanente llama de rebeldía contra la Corona de Aragón, cuyos reyes ensayan durante medio siglo todos los procedimientos de la violencia y del halago; preocupación que pasa a los brazos de las cortes reunidas en Tortosa en 1400 hasta elevar al rey don Martín la siguiente proposición que se transforma en “capitol de cort” al recibir el correspondiente “plau”, signo del imperio español en su manera catalana: “Item, senyor, com sia estat diverses vegades vist e sabut que per lo gran e absolt poder que és estat dat als governadors del dit Regne de Cerdenya se són seguits molts inconvenients, car per llur poténcia e llunyária corporal de llur senyor, los dits gobernadors voluntáriament han perseguits, afligits e dampnejats molt e diverses habitadors del dit Regne e altres a aquell vinents o declinants així privats com estranys, en tant que en aquell Regne e en altres parts fo e és creença e opinió comuna que la rebellió la qual ora e de lleno temps a ença és estada e és en lo dit Regne pres fonament e principi de e en les sobergeries evoluntáris processes deis dits gobernadors. Sia merce de vos, Senyor, proveir e fer perpetualment, que d’açí avant los dits gobernadors et cascú deis hagen de vós, senyor, e de vostres successors cert e limitat poder”; pidiendo que durante cinco años no puedan los tales gobernadores remover los oficios y que para la provisión de los que vacasen obren “ab consell deis concellers de Cáller en aquella Governació, e deis consellers de l’AJguer en la Governació de Lugudor”.

Así Cataluña se expandía para difundir la libertad a la sombra de las quillas de sus naves. La manera catalana de las Españas fue la lección ejemplar de un Imperio que practicó la libertad al servicio de la fe. Por eso los pueblos de Sicilia y de Cerdeña, de Nápoles y del Milanesado fueron rabiosa y decididamente españoles, no por obligaciones de conquista, sí por participación en las universales empresas españolas; porque les rindió, igual que a mí me han rendido, el admirable saber político de las gentes de la Cataluña clásica. Por eso también en la hora triste de la agonía dieciochesca, cuando perezcan a manos del bárbaro europeo que fue Felipe V las incomparables temáticas políticas del Principado, recitará su funeral responso un hijo de Cerdeña, Juan Pilo Frasso, cuyas Oraciones panegíricas, impresas en el exilio en Viena en 1716, serán el postrer eco de tamaña historia, un hilo suelto con el cual estas Jornadas Culturales hemos de anudar cabos ideológicos, si queremos como queremos reconstruir la Tradición de Cataluña.

Es que los Fueros catalanes son, hermanos míos, la suprema formulación de las libertades políticas españolas.

(VERBO)