Revivir el esplendor de los tiempos

Virgen Dolorosa con Jesús en brazosLas procesiones y desfiles bíblicos-pasionales de la Semana Santa de Lorca, declarada de Interés Turístico Nacional en 1968, constituyen la más importante celebración lorquina a lo largo del año y posiblemente la única manifestación religiosa, artística, cultural y social con originalidad y universalidad que ha dado la ciudad en toda su larga historia. Es la fiesta de Lorca, que identifica y enorgullece a cualquiera que se precie de haber nacido en la llamada “Ciudad del Sol”.

Durante diez días, desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, quienes visitan Lorca asisten con sorpresa e incredulidad a un insólito y poderoso recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret.

Lorca, monumental y barroca, noble ciudad desde 1442, se convierte en una nueva Jerusalén, escenario incomparable donde se representan por unas horas durante los días santos, el Antiguo Testamento, en vivo y en movimiento, y la Historia Sagrada; donde toman cuerpo y resurgen del túnel del tiempo aquellos pueblos y civilizaciones de la Antigüedad que ocuparon, invadieron o conquistaron el Creciente fértil y la Tierra de Canaán; donde transcurre, ante los ojos de quienes contemplan el singular cortejo Bíblico-Pasional, una fascinante recreación de los principales hechos de la Historia de la Salvación y del Pueblo Elegido, que culminan en la Resurrección del Hijo del Hombre, eje central de todo el Misterio de la Redención.

Reyes, emperadores, magnates, sacerdotes, artífices, guerreros de Asiria o de Babilonia, persas, egipcios, romanos, macedonios, israelitas, seléucidas… desfilan ricamente ataviados con terciopelos, ropajes, mantos, tunicelas, faldones y capetas bordadas a mano en canutillo de oro y sedas matizadas, en grupos a caballo, a pie o en carro, y reviven escenas y episodios escogidos de la Biblia: “David, el rey mesías de Israel”, “Nabucodonosor y el destierro a Babilonia”, “Moisés y los exploradores a la Tierra de Promisión”, “Débora y los jueces de Israel”… y tantos y tantos sucesos y personajes que llenan la Historia de ese mundo antiguo, cruento y politeísta, que se derrumba ante aquel madero de la Cruz del Calvario en que el Hijo de Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret, el Cristo, murió crucificado en sacrificio único como causa de salvación eterna.

Además de “oración teatralizada”, como escribió Enrique del Corral, “…por el que Lorca es Lorca, donde los siglos son minutos, y lo increíble es posible y existe”, el Cortejo Bíblico-Pasional de Lorca es una inaudita y global exteriorización de la peculiar religiosidad del pueblo lorquino, que estremece a quien la vive y la siente, y que se resuelve en una acongojante dualidad entre ese retablo bíblico-histórico y los cortejos procesionales penitenciales.

Es este armónico contraste entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, formando un todo indivisible, lo que hace que las procesiones lorquinas sean magníficas en su riqueza de estandartes y bordados, distintas por su noble Imaginería, dinámicas en su colorido mediterráneo teñido de penitencialidad, apasionadas en el sentir pasionario y cofrade cuando los sentimientos, expresados a golpe de pasión y voz, en grito desgarrado, se desbordan en vítores y piropos que pretenden, desde la pureza doliente en el corazón de las gentes sencillas, consolar a esa piadosa y sola Virgen Madre amargada de dolor que un viernes como el Viernes Santo de Lorca perdió a su Hijo en muerte de cruz, hasta recuperarlo tres días después, vivo y resucitado para siempre, al cumplirse el esplendor de los tiempos.

Santiago Lafuente Meca.
Guía Semana Santa de Lorca