Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Sentido misionero de la conquista y colonización de América (38)

España entera, llevada por su celo misionero, se propuso principalmente, al lanzarse a los mares, la conquista para Dios de nuevos pueblos

Santa Teresa de JesúsLo que prueba—dicho sea de paso—que el sistema de las encomiendas, evitados los abusos, era humano y lícito, ya que fue adoptado por varones tan eximios y piadosos como don Lorenzo de Cepeda, y no censurado por la gran confidente de Dios. Y nótese aquí también que con oro allegado por los indios de la encomienda de don Lorenzo, se sufragó parte de los gastos del primer monasterio de Descalzas de Ávila. Santa Teresa, al recibir aquellos dineros de su hermano, no los arrojó lejos de sí como dinero de iniquidad… Entraba, a buen seguro, en los planes de la Providencia que los pueblos indígenas de América compensaran en parte con su trabajo la deuda que contraían con el pueblo colonizador y evangelizador.

Ahora, Lorenzo, ya rico, siente morriña por la patria, y quiere volver a Ávila con su familia. Es entonces cuando recibe una carta de su hermana Teresa, en la que ésta se alegra espiritualmente de su vuelta, después de treinta años de ausencia, y confiesa con gran sencillez cuánto ha sufrido y rogado por la conversión de América, asociándose eficazmente así, desde su celda, a la gran expansión misional de su patria.

“Me parece—escribe a su hermano—he de tener alivio con tener a vuestra merced acá, que es tan poco el que me dan las cosas de toda tierra que por ventura quiere Nuestro Señor tenga ése y que nos juntemos entrambos para procurar más su honra y gloria y algún provecho de las almas, que esto es lo que mucho me lastima, ver tantas perdidas; y esos indios no me cuestan poco. El Señor los dé luz, que acá y allá hay harta desventura”.

En 1574 realizaba don Lorenzo sus deseos. Al desembarcar en Sevilla con sus hijos, recibe el inmenso gozo de poder abrazar a su hermana monja, que se encontraba allí arreglando los asuntos de una nueva fundación de carmelitas en la capital andaluza. La Santa conoció entonces a su sobrinita Teresita, niña de nueve años, nacida en Quito, que había de ser la primera carmelita americana.

La casa de los Cepeda, repetimos, es una imagen en pequeño de la España de aquel siglo: mientras la porción vigorosa de la familia lucha en el extranjero por la defensa y extensión de la fe, los restantes miembros permanecen en el Solar paterno, en oración por el éxito de la empresa. Y es que, como dice muy bien Ramiro de Maeztu a este propósito, “toda la España del siglo XVI era misionera”.

Y por lo que toca a la Reformadora del Carmelo, bien podemos decir que es representante, la más genuina y excelsa, por su sentido universal y apostólico, de la mujer española del siglo XVI, y por tanto la Santa de la Hispanidad.

Así como San Ignacio de Loyola es el prototipo de los varones de la Hispanidad, ya que—como dice Pío XII—“aquel Santo en cuyo pecho se diría que entraba el mundo entero, encarnaba sin saberlo lo mejor de los valores y de las virtudes de su estirpe y era, como muy bien se ha dicho, la “personificación más viva del espíritu, español en su edad de oro”, por su nobleza innata, por su magnanimidad, por su tendencia a lo fundamental y a lo esencial, hasta superar las barreras del tiempo y del espacio, sin perder nada de aquella riquísima humanidad, que le hacía vivir y sentir todos los problemas y todas las dificultades de su patria y de su siglo, en el gran cuadro general de la historia de la Iglesia y del mundo”. Así Santa Teresa es el prototipo de las mujeres de la Hispanidad. Por eso, la virgen abulense, junto con Isabel de Castilla, ha sido propuesta como modelo por Pío XII a las mujeres españolas que se sientan con arrestos para volver a las tradiciones católicas de su país (234).

(234) “No se podrá nunca olvidar que, en los días grandes de España, las mujeres se llamaban Isabel de Castilla o Teresa de Jesús; y en este misma Año Jubilar Nos hemos tenido el consuelo de elevar a los altares a dos españolas: Soledad Torres Acosta y Vicente María López y Vicuña. Las gracias jubilares os ayudarán a imitar ideales tan altos” (Discurso a las jóvenes, españolas, 25-X-1950).